Todos los días hay alguna decisión que tomar - o varias - pero, sin duda, no siempre será la mejor. Una de ellas fue la que introdujo el mal en el mundo
Nadie está exento de cometer errores porque es parte de la naturaleza humana. Sin embargo, deberíamos estar inmensamente agradecidos con Dios porque nos dio la oportunidad de elegir y la libertad para decidir desde que fuimos creados. De tal manera que, por una mala decisión, comenzó el mal en el mundo.
Leemos en el Catecismo de la Iglesia católica:
"La historia de la humanidad, desde sus orígenes, atestigua desgracias y opresiones nacidas del corazón del hombre a consecuencia de un mal uso de la libertad" (CEC 1739).
Dios nos permite elegir
Fue la voluntad creadora de Dios la que nos permite tomar decisiones libres y voluntarias. Es una muestra del infinito amor que Él nos tiene, como dice el Catecismo de la Iglesia católica:
"Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. 'Quiso Dios dejar al hombre en manos de su propia decisión' (Si 15,14.), de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a Él, llegue libremente a la plena y feliz perfección(GS 17)" (CEC 1730)
Una mala decisión
Conocemos muy bien la historia del pecado original, porque desde la catequesis infantil nos fue enseñada: Adán y Eva hechos a imagen y semejanza de Dios, fueron sometidos a una prueba: no comer de cierto fruto, que, seguramente, era como todos los demás, menos en sus efectos.
Era un mandato simple. Pero les pareció apetitoso cuando el tentador les señaló que sería como dioses si comían de él. Perfectamente podrían haber rechazado la sugerencia de la serpiente, pero la soberbia los hizo elegir mal y comieron del fruto prohibido.
En ese instante entró el mal en el mundo: por una mala decisión.
Y, a pesar de que Adán y Eva, representando a toda la humanidad, prefirieron separarse de Dios, el Creador nunca les retiró el poder de decidir. Por el contrario. Lo mantuvo en nosotros para que elijamo si queremos amarlo o no.
Nuestra responsabilidad
Por eso no se puede culpar al Señor por el mal del mundo, pues son obra de los actos humanos. El Catecismo advierte:
"Hasta que no llega a encontrarse definitivamente con su bien último que es Dios, la libertad implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, y por tanto, de crecer en perfección o de flaquear y pecar. La libertad caracteriza los actos propiamente humanos. Se convierte en fuente de alabanza o de reproche, de mérito o de demérito" (CEC 1732).
Nuestros actos contienen también una dosis de responsabilidad, es decir, todo lo que hagamos bien o mal tendrá consecuencias. Por eso, entre más nos apeguemos a Dios y a su voluntad, más libres seremos porque romperemos definitivamente con las cadenas del pecado.
Roguemos al espíritu Santo que nos ilumine para tomar siempre las mejores decisiones para nuestra salvación.












