Dios nos dio una vida buena, pero cuando somos seducidos por el mal nos cuesta mucho dejar el pecado, por eso desarrollemos la semilla del bien
Nadie nace malo, Dios solo hizo cosas buenas, como lo narra el capítulo 1 del libro del Génesis. Sin embargo, el pecado original nos ha dejado debilitados, por eso tendemos al mal, y en muchas ocasiones, caemos en las seducciones del maligno, que envidia nuestra vida y la posibilidad que tenemos de alcanzar el cielo - algo que él nunca logrará - .
Salvarse es una elección libre
Por eso el Señor ha dejado muchos medios a nuestro alcance para que consigamos la gloria al morir. Hay que entenderlo bien: Jesús nos ha redimido porque somos limitados y pecadores; nunca hubiésemos logrado pagar la deuda al Padre sin el sacrificio de su propio Hijo.
Por eso es excesivamente soberbio el que cree que ya no tiene que esforzarse para alcanzar la salvación.
Dios nos ha dado libertad para decidir voluntariamente si queremos amarlo - o no - e ir al cielo - o al infierno -.
Nadie se salva si no lo quiere. Por eso, también es una decisión libre hacer el bien o el mal. Dios no nos impedirá ninguna de las dos acciones porque no interfiere con la libertad de sus criaturas.
Cultivar la semilla del bien
Y de la misma manera tenemos la opción de cultivar en nuestra vida la semilla del bien. Como cualquiera de las virtudes, debemos repetirlas con constancia y un buen examen de conciencia para irnos evaluando en el camino. Pero, ¿cómo se logra eso?
1Rechazar el mal
Parece obvio, pero existen personas que sienten placer cuando hacen el mal a sus prójimos. Rechazar el mal significa renunciar a la venganza, buscar la justicia, restituir el daño cometido y hacer el bien. El profeta Isaías nos enseña:
¡Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda! (Is 1, 16, 17)
Una manera de iniciar es pensar en el daño que cometemos a los demás con nuestras actitudes y dejar de hacerlo en cuanto nos descubramos intentándolo.

2Ayudar sin esperar nada a cambio
Otra manera de sembrar la semilla - incluso en otros - es ayudar a los demás sin esperar pago o recompensa. ¡Es tan sencillo!, desde dedicar nuestro tiempo a las labores del hogar que no nos toquen - porque todos debemos contribuir, pero podemos añadir alguna que no nos corresponda en ese momento - hasta realizar trabajo voluntario.
Ofrecernos para llevar a cabo alguna actividad altruista es una manera provechosa de hacer el bien y encontrar satisfacción al realizarlo.
3Aprovechar cualquier oportunidad para ayudar
En la misma línea que la anterior sugerencia, esta se presta mucho para aplicarla en cualquier momento y lugar. Por ejemplo, cuando alguien requiere que le demos una mano para recoger algún objeto que se la ha caído o dar un empujón si el coche se ha averiado.
O simplemente saludar a las personas - que seguramente se extrañarán de que un desconocido les dirija la palabra, cosa que no ocurre en países de América - y escuchar a alguien que busca desahogarse. Oportunidades sobran.
San Pablo aconsejaba a los Gálatas:
Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe (Gal 6, 10).
Y a ti, ¿qué otras maneras se te ocurren para sembrar la semilla del bien en tu vida?












