La fiesta de los santos Marta, María y Lázaro, celebrada el 29 de julio, invita a descubrir el valor de una casa donde Cristo era recibido con amistad, confianza y amor
Todos tenemos un lugar donde nos sentimos en paz. No siempre es el más grande ni el más hermoso, pero sí aquel donde sabemos que somos esperados. Los Evangelios dejan entrever que Jesús también tenía un sitio así: un hogar en Betania. Allí vivían Marta, María y Lázaro, tres hermanos que no solo fueron sus discípulos, sino también sus amigos.
En tiempos en los que muchas familias viven con prisas y poco tiempo para encontrarse, la historia de este hogar plantea una pregunta que sigue siendo actual: ¿cómo era la casa a la que Jesús siempre quería volver?











