Jesús dio a Santiago un sobrenombre, no como reproche, sino como punto de partida de una real transformación. Su historia demuestra que Dios no elimina nuestro carácter: lo purifica y lo pone al servicio del Evangelio
Hay apodos que nacen de una travesura, otros de una cualidad especial. Pero cuando Jesús cambia el nombre de alguien o le da un sobrenombre, siempre hay un significado más allá. Así ocurrió con Santiago, a quien llamó "Boanerges", es decir, "Hijo del Trueno" (Mc 3,17).
¿Qué había visto Jesús en él? ¿Era una crítica a su temperamento o una misión que apenas comenzaba? La respuesta ofrece una enseñanza para quienes luchan con un carácter fuerte, impulsivo o apasionado.











