Las persecuciones romanas contra los primeros cristianos no surgieron por un desprecio a Cristo, sino porque la esencia de su fe les impedía rendir culto al emperador
La sospecha de que la Iglesia antigua planeaba rebelarse contra Roma impulsó a los emperadores a perseguir a los cristianos por casi 250 años. Comenzaron a considerarlos sediciosos (personas que se levantan contra el gobierno) a partir de la segunda mitad del siglo I.
La razón era su incumplimiento de rendir culto al emperador. En aquella época, este no representaba solamente a una autoridad política, sino que, decían, era dios mismo, puesto que la mitología romana lo describía como hijo del dios Júpiter.
Los cristianos no concibieron que un político fuera de origen divino —Cristo es el único que merece la gloria—; por ello, se abstuvieron de hacerle reverencia, quemar incienso y sacrificar animales. Pero los romanos vieron estas actitudes como un acto de rebeldía, idea que fue alentada por las autoridades judías, quienes también buscaban el exterminio de los cristianos.
En el libro De Corona, escrito por Tertuliano —padre de la Iglesia del siglo II—, se encuentran las primeras enseñanzas dadas en este contexto. Era una formación y auxilio para los cristianos que formaban parte del gobierno o la milicia y se enfrentaban a situaciones confusas, como tener que hacer reverencia a una estatua del emperador (presente en cada ciudad del Imperio).
O, por ejemplo, el hecho a partir del cual Tertuliano comenzó a escribir. Un soldado se negó a ceñirse la corona de laurel (símbolo divino para la cultura romana) durante una ceremonia militar, provocando revuelo entre la sociedad pagana, y ganándose la corona del martirio.
Observando esto, el Imperio temió perder el orden y la unidad que mantenía a través de un sistema religioso homogéneo, basado en el politeísmo (adoración a diversas deidades) y contrario al monoteísmo (adoración a un único Dios) de los cristianos.
Si algo les molestó de Cristo, fue escuchar sobre su regreso como rey —predicado por los cristianos—, ya que lo interpretaron en un sentido terrenal.
Tertuliano narró la difícil situación que pasaban; mediante la doctrina, probó la carga idolátrica de la corona; y a su vez, pidió orar por el emperador para que obrara con bien por la justicia.
El martirio por el que pasaron los cristianos también fue discutido doctrinalmente. Viendo que algunos se fugaban de la prisión previo al castigo del Imperio, un obispo amigo de Tertuliano lanzó la pregunta ¿Se puede huir en la persecución?, a lo que Tertuliano probó que Dios es el último autor de la persecución, y esta es una preparación para el cielo.
Lecciones para el presente
Episodios de persecución por parte de otras religiones al cristianismo, y viceversa, traen consigo grandes lecciones para los fieles de hoy, entre ellas, reconocer que la Iglesia:
- Florece en las situaciones más adversas
- Es madre y se ve iluminada para guiar sobre los asuntos de fe y moral
- Bebiendo de la tradición y manteniéndose fiel a la verdad, responde a los contextos difíciles que viven los cristianos.
- y hoy, busca regular las relaciones con los miembros y grupos de las religiones que no estén consideradas bajo el nombre de cristianas (Dicasterio para el Diálogo Interreligioso)












