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La relación de la Iglesia con la monarquía, y lo que nos revela hoy

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Crédito: Antoine Mekary | ALETEIA

Durante años, se ha hablado sobre la relación que sostuvo la Iglesia con la monarquía en siglos pasados; sin embargo, es necesario comprender ciertos matices

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Durante años, se ha hablado sobre la relación que sostuvo la Iglesia con la monarquía en siglos pasados, y de como ésta fue un actor crucial en las decisiones políticas y de Estado. Sin embargo, la realidad histórica posee muchos matices. 

Para hablar de ello, ayuda que conozcamos dos conceptos clave: el poder temporal y el poder espiritual. 

El poder temporal es el que ejerce una autoridad para administrar leyes, recursos, riquezas; es decir, asuntos civiles y políticos. A este le corresponde la jurisdicción de los territorios, construir infraestructura y administrar la justicia.  

El poder espiritual, por su parte, es lo que concierne a un pastor: la fe y la moral. Transmitir el evangelio fielmente, alentar la misión y compartir la verdad. ¿Puede influir en lo civil? Sí, en lo que respecta a la moral o la libertad religiosa; por ejemplo, defender el derecho a la vida frente a leyes de eutanasia en favor de la dignidad humana (moral). 

Históricamente, han existido periodos en los que la Iglesia ha asumido ambos poderes; otros, en los que se ha limitado a su poder espiritual; y algunos más, en los que el Estado intentó influir en el poder espiritual o custodió a la Iglesia. Veamos un par de ejemplos. 

La monarquía influyó en las decisiones de la Iglesia

El aspecto eclesial de la Iglesia se vio subyugado a los sistemas feudales durante la Baja Edad Media en Europa (siglos XI al XV). Los monarcas o reyes cedieron tierras a familias nobles y ellos se encargaron de designar sacerdotes, traer monjes, construir monasterios o nombrar obispos. 

Como la figura del Papa aún no era tan representativa, estas decisiones se tomaban de forma aislada con los obispos, pues lo que buscaba el señor feudal era asegurar el culto religioso para los habitantes de su territorio. 

“Lo único que nunca se atrevieron a hacer los reyes, monarcas, emperadores (cristianos católicos) fue tomar una figura del sacerdote del culto. Siempre supieron que la autoridad, desde el punto de vista espiritual y sacramental, era el obispo y los sacerdotes” señala el Padre Ismael Villegas, especialista en Historia de la Iglesia. 

Lo interesante, añade, es que a pesar de este control eclesial, siempre tuvieron evangelizadores. Los monjes iban de un lugar a otro anunciando el evangelio a las tribus bárbaras o francas, que se encontraban en los pueblos germánicos, y estas fueron convirtiéndose. 

La Iglesia concentró el poder espiritual y temporal

Es hasta los inicios de la Edad Moderna (siglos XIV al XVIII) cuando la figura del Papa va a representar a los dos poderes, representó al padre de la cristiandad y al gobernante del Estado. Su liderazgo político hará que muchas veces tome decisiones por los intereses de los gobernantes. 

Esto configuró en Europa, y en los nuevos estados, un nuevo modelo en la gestión del poder; pero también produjo una grieta en la institución interna del papado. 

A recomendación del Padre Villegas, el libro Soberano Pontífice de Paolo Prodi, maneja esta discusión, acerca de qué tiene que hacer el Papa en este sentido ¿Está llamado para ser administrador del bien temporal o del bien espiritual? 

Extrayendo lecciones del pasado, se pueden encontrar respuestas significativas para los tiempos de hoy. El asunto sobre las relaciones Iglesia-Estado han quedado iluminadas desde el Concilio Vaticano I. 

“Lo que dijo el Papa León XIV en el avión: 'Yo soy pastor, yo anuncio el evangelio, no soy político y tengo el deber de anunciar la paz'. Los laicos son los que tienen que colaborar más en los quehaceres políticos para transformarlos de acuerdo a un espíritu cristiano ¿es difícil? sí, pero tenemos que tomar el ejemplo de los santos”.