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Leer es bueno para la cultura… y para la vida espiritual

4 min de lectura
Kobieta w słomkowym kapeluszu leży w hamaku w pobliżu plaży w słoneczny letni dzień i czyta książkę

Crédito: Ahmet Misirligul | Shutterstock

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Con la llegada del verano y las vacaciones, el ritmo de vida se vuelve más propicio para la lectura. Leer un clásico o descubrir una novela contemporánea no es solo un entretenimiento, sino también una actividad espiritual. Un punto que Francisco y su sucesor, León XIV, no dudaron en recordar

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Quizá el verano y las vacaciones brinden a algunos la oportunidad de disponer de más tiempo del habitual para leer una buena novela contemporánea o redescubrir un clásico de la literatura. Sin duda, esta actividad, menos habitual que antes, es una buena forma de ampliar la cultura personal o, sencillamente, de entretenerse. Pasar horas y horas en un universo totalmente inventado no tiene precio a la hora de olvidarse de la rutina diaria.

Pero la lectura no tiene como único poder el de entretener o cultivar. Y son dos papas quienes lo afirman: Francisco y su sucesor, León XIV. El primero publicó, de hecho, un texto que, lamentablemente, pasó desapercibido para muchos: una carta sobre el papel de la literatura en la formación de los sacerdotes. Fue precisamente en pleno verano de 2024, el 4 de agosto. Más allá de los destinatarios del clero, las palabras del papa jesuita llegaron al mundo de las letras, empezando por el profesor del Collège de France William Marx, quien prologó la edición de la carta en Ecuador.

Leer para discernir y descentrarse

cuento - leer

Hay que decir que Francisco, que durante un tiempo fue profesor de literatura, se entrega en estas líneas a un magnífico alegato a favor de la lectura, que no hay que dejar de leer entre una novela y otra: "La literatura tiene, pues, que ver, de una forma u otra, con lo que cada uno desea de la vida, ya que entra en relación íntima con su existencia concreta, con sus tensiones esenciales, sus deseos y sus significados" (§6). En él explica cómo "el acto de leer se asemeja a un acto de 'discernimiento'" (§29), un acto eminentemente espiritual y tan jesuita.

Más profundamente, explica el Santo Padre, "la mirada de la literatura forma al lector en el descentramiento, en el sentido de los límites, en la renuncia al dominio cognitivo y crítico sobre la experiencia, enseñándole una pobreza que es fuente de una riqueza extraordinaria" (§40).

El papa León XIV, aunque (todavía) no ha expresado tan claramente su interés por la lectura, no ha dejado de reiterar su importancia durante un encuentro con los responsables de la Librería Editorial Vaticana, el pasado 7 de mayo, con motivo del centenario de su fundación.

Algunas recomendaciones de lectura papales

Para el religioso agustino, "el libro es una ocasión para pensar, […] una ocasión para el encuentro" e, incluso, "para anunciar a Cristo". "A menudo vemos —explica el Papa— a san Agustín sentado en un escritorio frente a un gran libro y, a veces, sosteniendo un corazón en la mano: verdad y caridad". Una imagen que se refleja en el escudo de armas de este fiel discípulo del obispo de Hipona.

Los libros son parte de nuestra vida

¿Llegaron estos dos sucesores de San Pedro a dar recomendaciones de lectura? "Leer al hermano Laurent de la Resurrección para entenderlo", explicó León XIV en el avión que lo traía de vuelta de Beirut el año pasado. Francisco, por su parte, cita a numerosos autores como Cocteau, Borges, Proust o Corneille, pero sobre todo da el siguiente consejo: "Cada uno encontrará libros que le hablen de su propia vida y que se convertirán en auténticos compañeros de viaje".

No hay nada más contraproducente que leer por obligación, que hacer un esfuerzo considerable solo porque otros han dicho que es esencial. No, debemos elegir nuestras lecturas con apertura, sorpresa y flexibilidad, dejándonos aconsejar, pero también con sinceridad, intentando encontrar lo que necesitamos en cada momento de nuestra vida" (§7). ¡Pues nada, a por los libros!