La susceptibilidad de las personas ha llegado al absurdo: no se puede hablar de "pecado" porque se quejan de que causa daño psicológico, ¿qué opinaría Jesús?
No cabe duda de que estamos viviendo una época en la que se da mucha importancia a la parte emocional, queriendo proteger a pequeños y grandes de todo lo que pueda causar daño psicológico. Se ha llegado al límite de la ofensa tan solo por mencionar la palabra "pecado", pero imaginemos por un momento lo que opinaría Jesús de tanta susceptibilidad.
La psicología de las palabras
De acuerdo con el portal de la Ibero, México, la neurociencia es una rama interdisciplinaria del conocimiento que puede ayudar "a entender mejor las funciones cognitivas, los patrones de comportamiento y la manera en la que el sistema nervioso se relaciona con otras partes del cuerpo".
En este contexto, las palabras juegan un papel muy importante en el comportamiento de los seres humanos, ya que a través de ellas logramos comunicar nuestras ideas y requerimientos. Sin embargo, es verdad que influye mucho el tono con el que hablamos a los demás, no es lo mismo susurrar que gritar o hablar con mesura y paciencia que usar insultos.
El cuerpo se estremece con las palabras bonitas, pero se altera con las vociferaciones.
No obstante, es necesario analizar a fondo el "daño" que pudiera provocar la palabra "pecado", tan usada desde tiempos del Antiguo Testamento para señalar al hombre y a la mujer que su comportamiento se estaba alejando de Dios.
El pecado y la salvación
¿Cómo podría causar daño esa palabra? El mismo Señor Jesús habló del pecado en repetidas ocasiones. Sus advertencias se enfocaron en hacer comprender a las personas que tenían que dejar sus malas acciones para alcanzar el Reino de Dios.
Si no hubiese sido porque les hablaba claro y directo, no habrían dejado sus vidas pecaminosas. Por eso envió a los discípulos a predicar que Cristo murió en la cruz para pagar por todos nuestros "pecados".
¿Qué diría el Señor si le comentáramos que hoy no podemos mencionar la palabra "pecado" porque se traumarán los oyentes?
Es completamente absurdo. Por eso, antes que escandalizarnos por un vocablo, hagámoslo por nuestro comportamiento que ofende a Dios. Él nos ama infinitamente, pero no consiente el pecado.
Madurar en la fe
San Pablo sabía que era preso de sus malas inclinaciones, por eso dice a los romanos:
"Ahora bien, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí. Pues sé que lo bueno no habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no. Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo" (Rom 7, 17-19).
Nunca consideró que causaría daños psicológicos irreversibles, por el contrario, ganó almas para Dios.
Que Dios nos ayude a madurar en la fe y a valorar cada palabra que sale de la boca de quien evangeliza para que logremos convertirnos y alcanzar el cielo.












