Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá es una venerada devoción mariana en el catolicismo, reconocida como la Reina y Patrona de Colombia. Esta imagen sagrada, que recibe su nombre del municipio de Chiquinquirá (donde tuvo lugar su primera manifestación milagrosa), se honra en Colombia con procesiones y celebraciones litúrgicas especiales el 9 de julio.
Entre las visitas más destacadas a su basílica se encuentran las del papa Juan Pablo II en 1986 y del papa Francisco en 2017. En Venezuela, su imagen en la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Maracaibo, atrae a miles de peregrinos, especialmente en su otra festividad, el 18 de noviembre.
El milagro colombiano
La pintura original de la Virgen de Chiquinquirá fue realizada en 1562 por Alonso de Narváez. Nacido en la provincia de Sevilla, España, Narváez pasó gran parte de su vida en la Colombia colonial, donde creó la imagen sobre un trozo de tela de algodón tejida por indígenas colombianos. Utilizando pigmentos minerales, representó a la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en sus brazos, flanqueada por San Antonio de Padua y San Andrés Apóstol. Con el paso del tiempo, la pintura se deterioró debido a la exposición a la intemperie y acabó siendo abandonada.
El 26 de diciembre de 1586 tuvo lugar una restauración milagrosa de la pintura. María Ramos, una mujer piadosa, había colocado la imagen descolorida en una capilla renovada. Cuenta la tradición que, un día, la imagen comenzó a recuperar su color y nitidez, y los arañazos y agujeros del lienzo se cerraron por sí solos. Esta restauración milagrosa se consideró un signo divino que reavivó la fe de la comunidad local.

La Virgen de Chiquinquirá se conserva actualmente en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, en Chiquinquirá (Colombia). A pesar de su fragilidad, la pintura ha sobrevivido a siglos de devoción y a las adversidades del entorno. Desde 1897 está protegida por una gruesa cubierta de cristal. El papa Pío X autorizó la coronación canónica de la Virgen de Chiquinquirá en 1910, y en 1986, el papa Juan Pablo II visitó el santuario y rezó por la paz en Colombia.
El milagro venezolano
En Venezuela, la historia de Nuestra Señora de Chiquinquirá es igualmente milagrosa. En noviembre de 1709, una mujer que lavaba ropa en el lago de Maracaibo descubrió una pequeña tablilla de madera flotando en el agua. Se la llevó a casa para utilizarla en las tareas domésticas, pero a la mañana siguiente, la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá apareció milagrosamente en ella. Asombrada, salió corriendo y gritó: «¡Milagro! ¡Milagro!», lo que dejó claro que se trataba de una intervención divina.
La tablilla pronto se convirtió en objeto de amor y veneración. Los habitantes de Maracaibo la consideraron una señal de Dios, y su devoción por La Chinita (como la llaman cariñosamente los lugareños) floreció. La imagen se conserva en la Basílica de Maracaibo.
La Fiesta de La Chinita, que comienza el 18 de noviembre, celebra este milagro con misas, procesiones y música tradicional de gaita, y marca el inicio de la temporada navideña en Venezuela.
El pequeño retablo de madera, de 26 por 25 centímetros, también representa a la Virgen María con el Niño Jesús, San Andrés y San Antonio.
A lo largo de los años, se ha conservado y embellecido con oro de 18 quilates, lo que ha aumentado su belleza y su importancia.
Un patrimonio común
Las historias de Nuestra Señora de Chiquinquirá en estos dos países vecinos hablan de un legado común de fe. Cada milagro, que tiene sus raíces en unos orígenes humildes, se ha convertido en un símbolo venerado del amor divino, que inspira esperanza a millones de personas.
Como patrona de Colombia y del estado venezolano de Zulia, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá sigue inspirando y uniendo a los católicos de toda la región, acercándolos a su fe y entre sí.











