Vivimos en una cultura que nos invita a elegir pareja como si estuviéramos comparando productos: ingresos, apariencia física, profesión, estatus, edad o -incluso- seguidores en redes sociales. Sin embargo, desde la logoterapia, Viktor Frankl propone una visión radicalmente distinta: el amor no consiste en encontrar a la persona con más cualidades, sino en descubrir el valor único e irrepetible del otro.
La cultura del "mercado" en las relaciones

Actualmente, la manera más común de encontrar pareja es por medio de aplicaciones de citas, mismas que se han encargado de deformar la manera en la que las personas interactúan para formar un vínculo.
Esto genera una hiperselección al escoger a "la persona indicada", ocasionando que caigamos en la cultura del descarte. Ya que, con mucha facilidad, podemos desplazar nuestro dedo para indicar quien despierta interés en nosotros y quién no, únicamente por lo poco que vemos en la pantalla, dando paso al miedo de que no "sea la persona indicada" o miedo al escoger salir con una persona y "conformarse".
Esto sucede cuando no se conoce a la persona en un plano real y cuando solo se quiere a la persona desde lo superficial y lo poco que vemos en redes sociales o en perfiles de dating apps.
El ser humano no es un objeto
Viktor Frankl explica, en su libro El Hombre en Busca del Sentido, que amar de verdad implica ver más allá; es decir, ver aquello que nadie más puede ver.
"El amor constituye la única manera de aprehender a otro ser humano en lo más profundo de su personalidad. Nadie es capaz de conocer la esencia de otro ser humano si no le ama".
Eel amor permite captar a la persona en su singularidad, en aquello que la hace única e irremplazable por su esencia. Viktor asegura que aquella persona que ama de verdad, no solo ve los rasgos y características de la persona, sino que también ve lo que lo que está en potencia.
Y cuando se ama a la persona desde esa dimensión, impulsa al otro, haciéndole consciente de lo que puede llegar a ser y de lo que debería ser. Es decir, que hay un crecimiento genuino en ambos para convertirse en su mejor versión.
El peligro de convertir personas en cualidades

La logoterapia nos regresa a lo principal: no amar a una profesión, una cuenta bancaria, el físico o el currículum, sino que amamos a la persona. Y aunque sus cualidades son importantes, nunca definen quién es alguien.
Por lo tanto, vale la pena preguntarnos: ¿Estamos conociendo personas o comparando perfiles?, ¿Buscamos amar o ser impresionados?, ¿Esperamos encontrar una pareja perfecta o alguien con quien construir una vida? Estas preguntas sirven como guía para encaminar nuestras intenciones y amar plenamente.
Amar significa descubrir
Frankl decía que sólo el amor permite contemplar la esencia del otro. No significa idealizar. Por lo tanto, es vivir su dignidad, su libertad, su vocación y su capacidad de crecer.
Quizá el mayor desafío de nuestro tiempo no sea encontrar a la persona perfecta, sino volver a mirar a las personas como personas. Mientras la cultura nos invita a preguntarnos qué puede ofrecernos alguien, Viktor Frankl propone una pregunta distinta: ¿soy capaz de descubrir el valor único e irrepetible que existe en el otro? Y es ahí donde comienza el verdadero amor.











