En la época en que vivimos, la libertad y la ciencia avanza a un ritmo sorprendente. La Inteligencia Artificial, la ingeniería genética y las nuevas tecnologías amplían cada vez más lo que el ser humano es capaz de hacer. Sin embargo, una pregunta permanece vigente: ¿todo aquello que podemos hacer es realmente bueno? Para la bioética personalista, la respuesta pasa por un principio fundamental: respetar la ley natural, es decir, reconocer que la persona posee una dignidad y una finalidad que no dependen de las decisiones individuales ni de los avances tecnológicos.
La ley natural recuerda que el progreso científico y la libertad humana encuentran su verdadero sentido cuando respetan la dignidad de la persona









