“La fe es un don, una gracia divina, no un derecho humano ni una vocación vital ni un proyecto de automejora personal. Si Dios no toma la iniciativa, no hay nada que hacer”. Lo afirma el filósofo converso Ernesto Castro en una entrevista publicada este jueves en el diario El Mundo.
El joven escritor y profesor de estética identifica un momento clave de su conversión: el encuentro con la Virgen de Montserrat cuando la visitó en su santuario cerca de Barcelona en enero de 2025.
Castro recibió el Bautismo, la Eucaristía y la Confirmación el pasado 4 de abril de 2026 en la catedral de Alcalá de Henares. Su original manera de explicar la fe cristiana está atrayendo mucha atención.
Apateístas
“La mayor parte de los ateos contemporáneos -yo que he sido ateo hasta hace un año y medio- somos apateístas”, asegura usando un acrónimo que une “apatía” y “teísmo”.
En contraste con la indiferencia religiosa y vital, añade que “todo creyente es un ateo menos uno: no cree en todos los dioses salvo en uno, que salva”. Solo es uno, pero lo cambia todo.
Para Castro, el lejano “Dios de los filósofos” no existe: “Sólo conozco a Dios en la cruz -dice-. El Dios mío es el profeta pinchado en un palo”.
Esa fe, que considera un regalo de la Virgen María, la recibió después de sufrir una depresión.
Al principio confiesa que se resistió a aceptarla. “Yo decía: creo contra mi voluntad -recuerda-. Creía contra la voluntad de mi yo muerto”.
En su “no quiero creer pero creo”, Ernesto Castro descubrió “la resistencia diabólica de no querer creer”.
Pero la iniciativa de la Madre de Jesús, con la paz que le regaló, le llevó inexorablemente a la Iglesia católica.
Carta al Papa
Ahora el joven filósofo se afana por obedecer y ha aceptado la autoridad del Papa. Antes de la reciente visita de León XIV a España, le dirigió una carta abierta con la frescura y el sentido del humor que le caracterizan.
“A diferencia de los tres papas anteriores, bajo cuyo magisterio viví como ateo, acordándome en todo momento de sus nombres laicos, de sus apellidos civiles como Wojtyła, Ratzinger y Bergoglio, usted ya será para siempre en mi cabeza solo León”, confiesa.
“Ya sé que usted no tiene un teléfono fijo y rojo, una línea directa de Q&A con el de Arriba, pero al menos estará razonablemente informado sobre sí mismo”, escribe.
“¿Por qué eligió usted ese nombre? -plantea-. Yo no lo sé y, además, ¿qué sabe nadie sobre nadie? Solo Él, solo Tú nos conoces y reconoces, ¿no es cierto?”.
“Dios crea el mundo en tercera del plural -aclara Castro-, pero lo salva en primera y segunda del singular. A mí y a ti nos salva”.











