"Quienes han muerto en el mar son víctimas tanto de las decisiones tomadas como de las que no se tomaron", declaró León XIV durante la misa celebrada el 4 de julio de 2026 en la isla de Lampedusa. Para abordar la crisis migratoria, el pontífice estadounidense afirmó que "Europa posee un potencial único derivado de su historia y cultura, y por lo tanto, una responsabilidad igualmente grande".
A su llegada a la isla por la mañana, el Papa visitó el cementerio para rezar ante las tumbas de los migrantes que murieron en el mar, y luego hizo una pausa para contemplar el Mediterráneo . Antes del inicio de la misa en el complejo deportivo "Arena", el alcalde de Lampedusa le obsequió al pontífice una maqueta del faro de la isla, cuya luz sirve de guía para los miles de migrantes que intentan llegar a Europa desde el continente africano, desafiando los peligros del mar y las redes de trata de personas.

El Papa, por su parte, agradeció a las autoridades locales por haber elegido nombrar un muelle de su puerto en honor al Papa Francisco, un signo, según él, del vínculo que este había establecido con la comunidad y los migrantes tras su viaje a la isla trece años antes. Confiesó que había venido siguiendo los pasos del Papa Francisco, quien, el 8 de julio de 2013, quiso visitar Lampedusa en su primer viaje como pontífice. "El Papa estuvo cerca de ustedes durante este momento tan difícil, y hoy estoy aquí para decirles que el Papa continúa acompañándolo"», aseguró a los numerosos fieles, quienes aplaudieron cada una de sus palabras.
"No he venido a dar discursos, sino a celebrar la Eucaristía", afirmó León XIV, explicando que el "gesto de Jesús partiendo el pan para entregarse", repetido por el sacerdote, es fuente de significado y fortaleza para los "actos cotidianos de ayuda y solidaridad". No obstante, no dejó de transmitir varios mensajes durante la Misa, celebrada bajo un cielo soleado y en un ambiente de profunda oración.

En su homilía, León XIV comentó la lectura del Evangelio del día, la parábola del Buen Samaritano, recordando que este texto había inspirado la encíclica de su predecesor de 2020, Fratelli tutti, sobre la fraternidad universal. El papa estadounidense comparó el destino del hombre atacado por bandidos en esta parábola con el de los migrantes que llegan a Lampedusa o, a unos 100 kilómetros al norte, a la isla de Linosa. "Aquí, no solo habéis visto a uno, sino a miles de seres humanos caer en manos de bandidos, despojados de todo, golpeados hasta sangrar y luego abandonados medio muertos", afirmó.
"El mar ha acogido a otros, a quienes no alcanzaron su destino", continuó el pontífice, afirmando que sentía su presencia, "que nos interpela tanto como la de quienes sí llegaron". El Papa hizo entonces un llamado a mirar a estos últimos, dejando de lado "toda consideración intelectual y toda convicción ideológica", y agradeció a los habitantes de Lampedusa, en particular a quienes trabajan en asociaciones, por su compasión. Finalmente, rindió homenaje a los migrantes, agradeciendo a quienes, asimismo, "demostraron solidaridad durante su travesía, como los pobres que ayudan a los más pobres".
"La afiliación religiosa nunca debería ser motivo de discriminación"
Retomando la parábola, León XIV recordó que "el amor reside en la libertad" y evocó la elección de aquellos que, a diferencia del Buen Samaritano que atiende al herido, deciden no detenerse. "Los muertos de este mar son víctimas tanto de las decisiones tomadas como de las no tomadas", declaró.
Entre las razones que llevan a la gente a "hacer la vista gorda", el Papa también señaló "la indiferencia hacia el bien común y la corrupción en los países de origen, un sistema económico global que engendra pobreza y exclusión, el miedo que alimenta los prejuicios y el desprecio, la idea de que estos problemas no nos conciernen, los cálculos criminales de quienes se lucran del sufrimiento ajeno y la lenta y difícil transición de la mera gestión de emergencias al desarrollo de políticas coherentes y compartidas". Se dirigió específicamente a "quienes temen contagiarse por contacto con otros", lo cual niega el origen común de la humanidad en Dios. "Es hora de reconocer y afirmar que la afiliación religiosa nunca debe convertirse en motivo de discriminación", insistió.
El potencial de Europa

Según León XIV, "Europa posee un potencial único derivado de su historia y cultura, y por lo tanto, una responsabilidad igualmente grande" para afrontar esta crisis, pero también para promover la paz y la transición ecológica. Encomendó esta misión no solo a las instituciones públicas, sino también a toda la sociedad civil y a la Iglesia.
El Papa concluyó su homilía exhortando a los habitantes de Lampedusa a "no levantar un muro invisible entre el mar de migrantes náufragos y el de los numerosos veraneantes" que acuden a este destino turístico. "Con creatividad, lograrán que cualquiera que pase un momento, aunque sea de descanso, en esta isla pueda sentirse más humano al experimentar su caridad", les aseguró. Dirigiéndose a la estatua de Nuestra Señora de Porto Salvo, patrona de Lampedusa, colocada en la plataforma para la ocasión, rezó para que inspirara a la comunidad isleña "con la fuerza de antaño" en su "generoso compromiso".









