Cada 29 de junio, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, la Basílica de San Pedro acoge una de las ceremonias más símbolo del calendario litúrgico: la imposición del palio a los nuevos arzobispos metropolitanos. Aunque puede parecer un simple ornamento litúrgico, esta estrecha banda de lana blanca encierra un profundo significado espiritual y eclesial. Es un recordatorio de que el ministerio episcopal está llamado a ejercerse con humildad, cercanía al pueblo de Dios y plena comunión con el Papa.
El palio es mucho más que una insignia litúrgica: expresa la comunión con el Sucesor de Pedro y el servicio pastoral de los arzobispos metropolitanos










