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¿Tu hijo se va de casa? Las sabias palabras de León XIV

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Mathilde De Robien - publicado el 29/06/26
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Al retomar las palabras de Jesús el Papa León XIV estableció un paralelismo con la educación de un hijo, que consiste en enseñarle "a caminar por sí mismo".

"Para dar fruto, el amor exige al menos tres cosas: el desapego, la pérdida y la acogida", explicó el papa León XIV desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, en su meditación pronunciada el 28 de junio. Al comentar el capítulo 10 del Evangelio de Mateo, el Papa desarrolló las tres condiciones esenciales para que el amor dé fruto, ya sea el amor hacia el cónyuge, los hijos o el prójimo. Y la primera condición —el desapego— resuena de manera especial en los oídos de los padres que se preparan para ver a su hijo abandonar el nido familiar al comienzo del próximo curso escolar.

León XIV retoma estas exigentes y difíciles palabras de Jesús: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí». «En el momento en que comienza a enviar a sus apóstoles en misión, el Señor quiere que estén libres de todo vínculo. Pero esto vale para todos: incluso los vínculos afectivos más importantes encuentran su plenitud gracias al amor que Cristo nos ofrece», subraya el Papa. Esta exigencia no menoscaba los lazos familiares, sino que los conduce a su plenitud más profunda. León XIV establece entonces un paralelismo con la educación de los hijos: «Se les ayuda a desarrollarse y a ser felices enseñándoles a “caminar por sí mismos” y a tomar sus propias decisiones». 

La hermosa metáfora de San Agustín

Y el Papa citó esta hermosa metáfora de su maestro espiritual, san Agustín. Este último dice: «La separación de lo que se ama es dolorosa. Pero incluso el labrador pierde temporalmente lo que siembra» (Discurso 330, 2). «Solo al “perder” esa semilla, sembrada en la tierra, podrá verla florecer», subraya el Papa.

«Solo al “perder” esa semilla, sembrada en la tierra, podrá verla florecer».

Esta experiencia conduce de forma natural a una segunda dimensión del amor: la de la pérdida. «El amor solo da fruto en la entrega de uno mismo», recordó León XIV. Con un tono similar al de su predecesor Francisco, el Papa invitó a cada uno a aceptar «perder un poco de nosotros mismos para dejar espacio al otro, perder un poco de tiempo para escuchar a un amigo, perder un poco de comodidad para compartir una situación de angustia». 

La lógica del don

Esta lógica del don encuentra su plenitud en el misterio de la Cruz, convirtiéndose así el sacrificio de Cristo en el modelo de toda existencia cristiana. «Si vivimos según la lógica del don, también nosotros seremos capaces de dar a luz una vida nueva en nuestras relaciones», afirmó León XIV, mostrando que la fecundidad espiritual nace siempre del amor que acepta entregarse sin cálculos.

Por último, el pontífice destacó la tercera exigencia del amor cristiano: la acogida. Esta no se manifiesta en primer lugar a través de grandes obras, sino «mediante decisiones y acciones concretas, en un compromiso formado por pequeños gestos cotidianos, como el de ofrecer un vaso de agua a quien tiene sed». Al enviar a sus discípulos sin provisiones, Jesús los hace dependientes de la hospitalidad de los demás para propiciar un encuentro auténtico. «Al acoger a quienes vienen en nombre de Jesús, se acoge al propio Jesús y al Padre celestial que lo envió», aseguró León XIV.

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