El Papa León XIV exhortó a los católicos a evitar "todo aquello que socave la comunión" dentro de la Iglesia durante el rezo del Ángelus en la Solemnidad de los santos Pedro y Pablo, patronos de Roma, el 29 de junio de 2026. El Papa no mencionó ninguna situación específica, pero este llamado a la unidad se produce cuando, en dos días, se espera que la Sociedad de San Pío X celebre ordenaciones episcopales sin autorización, lo que podría generar un cisma. Desde su ventana en el Palacio Apostólico, el Papa también expresó su apoyo a su diócesis, asegurándoles su preocupación por los solitarios y los presos.
Al presentar la oración mariana, el Papa explicó que esta fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo "recuerda el vínculo original que une, en la comunión de fe y caridad, a la Iglesia de Roma con todas las demás Iglesias del mundo". A pesar de sus diferencias, Pedro y Pablo "experimentaron la difícil labor de la comunión", afirmó León XIV, añadiendo que "contribuyeron decisivamente a que la presencia cristiana en la historia no tenga como objetivo la dominación, sino el servicio, la unidad y la reconciliación".
A lo largo de su texto, el pontífice peruano-estadounidense enfatizó el mensaje cristiano como un "nuevo conocimiento de Dios y de la infinita dignidad de todo ser humano, una nueva experiencia de fortaleza [...] al servicio de la vida". En el mensaje del Evangelio, Dios "confía en nosotros, [...] que no somos perfectos", para que seamos testigos de "su fuerza, que transforma el mal en bien", afirmó además.
Con este espíritu, el jefe de la Iglesia Católica deseó a los fieles congregados bajo sus vidrieras "apreciar cada vez más profundamente la catolicidad de la Iglesia, reconocer su valor al servicio del encuentro fraterno entre individuos y pueblos". Les pidió "evitar todo aquello que socave o perjudique la comunión, y perseverar en el camino ecuménico y en un diálogo atento y franco con todos".
Estas palabras llegaron en un momento delicado para la Iglesia Católica: el grupo Lefebvrista había anunciado su intención de ordenar obispos sin mandato papal el 1 de julio, una medida que crearía una situación cismática. Si bien no mencionó este caso en particular el domingo por la mañana, León XIV había considerado, el 16 de junio, hacerles un último llamamiento para que vivieran "en comunión dentro de la Iglesia".
Tras la oración mariana bajo el abrasador sol de verano, León XIV ofreció un saludo especial a "los romanos y a todos los que viven en esta ciudad". Expresó su solidaridad con "los enfermos, los solitarios y los presos" y agradeció a los numerosos sacerdotes y religiosos que "mantienen vivo el gran corazón cristiano" de la Ciudad Eterna.











