Los salmos son oraciones que podemos repetir frente a cualquier necesidad o estado de ánimo en el que nos encontremos. Reza el salmo 58 con este artículo
Aunque existen muchas formas de hacer oración, orar con la Palabra puede ser una de las más fructífeas. Cuando meditamos versículos de la Biblia, estamos dejando que las palabras de Dios entren en nuestro corazón y nos transformen en hombres nuevos. Y uno de los libros que más puede ayudarnos a orar es el libro de los Salmos.
El Papa Francisco enseñó en su catequesis del 19 de junio de 2024 que "los salmos son oraciones para todas las estaciones: no hay estado de ánimo o necesidad que no encuentre en ellos las mejores palabras para convertirlos en oración. A diferencia de todas las demás oraciones, los salmos no pierden su eficacia a fuerza de repetirlos; al contrario, la aumentan. ¿Por qué? Porque están inspirados por Dios y 'espiran' Dios, cada vez que se leen con fe".
Oración con el Salmo 58
El Salmo 58 puede rezarse cuando, ante una injusticia de los poderosos, necesitamos aumentar nuestra confianza en Dios y su justicia.
"¿Acaso ustedes, los poderosos, pronuncian realmente sentencias justas y gobiernan a los hombres con rectitud?
¡No! Ustedes cometen injusticias a plena conciencia y favorecen la opresión en la tierra.
Los impíos están extraviados desde el seno materno; desde su nacimiento se descarriaron los impostores.
Tienen un veneno semejante al de las víboras; son como una serpiente sorda, que cierra los oídos,
para no oír la voz del encantador, la voz del mago que ejerce su arte con destreza.
Rómpeles, Dios mío, los dientes en la boca; arráncales, Señor, esos colmillos de leones.
Que se diluyan como agua que se evapora; que se marchiten como hierba pisoteada.
Sean como una babosa que se deshace al pasar, como un aborto de mujer que no llegó a ver el sol.
Que los arrastre el vendaval –verdes o quemados– antes que produzcan espinas como una zarza.
El justo se alegrará al contemplar la Venganza y lavará sus pies en la sangre de los impíos.
Entonces dirán los hombres: «Sí, el justo recibe su recompensa; sí, hay un Dios que hace justicia en la tierra»".
Como enseñó el Papa Francisco: "Los salmos nos ayudan a abrirnos a una oración menos egocéntrica: una oración de alabanza, de bendición, de acción de gracias; y también nos ayudan a convertirnos en la voz de toda la creación, haciéndola partícipe de nuestra alabanza".












