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¿Es suficiente para Dios con que seas una buena persona?

4 min de lectura
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Crédito: Andrii Iemelianenko

Una tentación para el cristiano es creer que Dios lo perdonará de todos sus pecados si se conforma con ser buena persona, pero ¿será suficiente para salvarse?

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Dios nos ama tanto que no permitirá que nos condenemos, podemos pensar. Y es cierto, el Señor "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1Tim, 2, 4). Con ese pensamiento es fácil creer que basta con no hacerle mal a nadie, no meterse en problemas, hacer el bien de vez en cuando y tratar de ser buena persona, a secas. Pero ¿será suficiente?

Jesús ya nos redimió con su muerte en la cruz hacer el bie

Para tener claridad en este delicado asunto, hay que recordar una verdad innegable: Dios nos ha amado tanto que envió a su único Hijo a morir por nosotros, y lo hizo con perfecta obediencia, por eso no se negó sufrir la muerte en la cruz, la más ignominiosa que pudiera padecer, además de las crueles vejaciones y maltratos que lo convirtieron en la Víctima perfecta.

Gracias a su sacrificio y a su infinito amor, nos redimió de todos nuestros pecados. Toda culpa quedó lavada ante el Padre celestial.

Ahora bien, hay que hacer una precisión. La redención no nos asegura que estemos salvados. "¿Cómo es eso?" se preguntarán algunos. Pues así es. Estamos redimidos, pero no salvados por una simple razón: no nos ha costado, pero debemos esforzarnos por merecer el premio.

La conversión diaria para alcanzar la meta

Un ejemplo sencillo puede ser iluminador: un padre de familia ha pagado todas las cuotas del colegio de su hijo, que ya no tiene que preocuparse porque él no debe nada. Sin embargo, no le regalarán el pase. Ahora toca al chico estudiar duro para sacar las mejores calificaciones para pasar de año.

San Pablo también nos lo reitera. Él se ha desgastado por el Señor, y aún así, sabe que todavía no lo ha logrado, pero no solo habla de sí mismo, sino de todos los que buscan la conversión diaria:

"No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús. Todos nosotros, los maduros, debemos sentir así" (Fil 3, 12-15).  

Animarnos unos a otros

Así las cosas, san Pablo también comprendía que vendrían tiempos difíciles, pero estaba seguro de que quienes se mantuvieran fieles alcanzarían el cielo. Lo asegura a los hebreos:

"Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa. Fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras; no faltemos a las asambleas, como suelen hacer algunos, sino animémonos tanto más cuanto más cercano ven el Día" (Heb 10, 23-25). 

No basta con ser buenos

En resumen, debemos puntualizar lo dicho al inicio: no basta con ser buenos porque el Señor Jesús nos exige que nos esforcemos cada día por ser mejores. Porque quiere que demos todo lo que esté de nuestra parte, confiando en que Él nos dará lo necesario hasta llegar a cumplir su mandato:

"Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto" (Mt 5, 48).

Que el Señor sea nuestra fortaleza.