"Lo he seguido por internet y quería verlo. ¡Es tan amable, tan bueno!". Para Aliu, de 16 años, originario de Gambia y llegado a Canarias hace un mes, la visita del Papa León XIV es una sorpresa divina. "A él no le importa si somos blancos o negros, cristianos o musulmanes… Quiere ayudarnos", explica el joven, que busca trabajo para ayudar a su familia.
Esta última etapa de la gira de León XIV por España le ha dado la oportunidad de conocer, en este vasto archipiélago de más de dos millones de habitantes, la realidad de una Iglesia que se ha movilizado mucho para acoger a las personas que vienen de otros lugares. Al igual que en el resto de España, la fuerte presencia de la inmigración latinoamericana, desde hace varias décadas, era palpable a través de las banderas de Cuba, Venezuela o incluso Colombia, bien visibles durante las diferentes etapas de esta visita papal, en Gran Canaria y luego en Tenerife. De manera más inesperada, también aparecieron banderas chinas en las gradas del estadio de Las Palmas, donde el Papa celebró la misa el jueves por la noche.
Una cuarta parte de la población
Pero desde hace unos años, otra realidad ha transformado las Islas Canarias. La llegada masiva de migrantes procedentes de África ha tomado por sorpresa a las autoridades, especialmente en 2020, con la llegada de numerosos marroquíes, senegaleses y gambianos que han sobrevivido a peligrosas travesías por mar. La costa marroquí se encuentra a solo unos cien kilómetros del punto más cercano del territorio canario, que marca la entrada a España y, por lo tanto, al territorio de la Unión Europea. En total, sumando todas las nacionalidades, los migrantes constituyen casi una cuarta parte de la población del archipiélago.

"Vinimos para cambiar de vida, para ayudar a las familias que dejamos atrás. Tuvimos que superar muchos miedos y cruzar el océano, con la esperanza de contribuir al desarrollo de nuestros países", confiesa Gorgissa, un senegalés de unos cincuenta años que se encuentra acogido en el centro Las Raíces, donde el Papa acudió este viernes por la mañana. La decisión del Papa de hablar en francés sorprendió y conmovió a estos migrantes francófonos, quienes le respondieron al unísono "bonjour" a su saludo al inicio de su discurso. "Esperamos que su visita nos dé dignidad. No estamos aquí para pedir un favor, sino simplemente para pedir un trabajo digno", insiste Gorgissa.
Una "gran fuente de consuelo"
En buena relación con el gobierno y las autoridades locales, la Iglesia presta ayuda a más de 22 000 migrantes y también financia proyectos en los países de origen, con el fin de intentar animar a los jóvenes tentados por la migración a quedarse e invertir en su país. Caritas Canarias lleva a cabo 14 proyectos de microemprendimiento en Marruecos, Malí, Mauritania y Sudán.
Muy elegante, con una bandera de España colgada en la cabeza a modo de pañuelo, Mary, que llegó de Gambia hace 26 años y ahora trabaja como empleada doméstica, se muestra más cómoda hablando en español que en inglés. "¡Esta visita del Papa es un sueño para mí! Todos esperamos que esto mejore la situación para nosotros, que hemos venido de lejos", asegura durante el encuentro con el Papa en Cristóbal de La Luna.

Anna María, canaria de Las Palmas y ferviente devota de la Virgen del Pino —venerada en el archipiélago desde el siglo XV—, es una abogada muy atenta a la angustia de estas personas que llegan en busca de un futuro mejor. Se ha movilizado mucho para brindar asistencia jurídica a los migrantes que llegan por mar y que, a menudo, quedan atrapados y abandonados por traficantes sin escrúpulos. "La situación está más tranquila hoy, y la visita del Papa es una gran fuente de consuelo para toda la población de Canarias", explica.
Wolof y francés
Durante la misa celebrada por León XIV el 11 de junio en el estadio de Gran Canaria, se leyó una intención de oración particularmente conmovedora en wolof, lengua hablada en Senegal, Gambia y Mauritania. Estaba dedicada "a los difuntos y a los refugiados que perdieron la vida en las aguas del Atlántico, para que sean acogidos en el abrazo del Padre y para que las familias que sufren por su pérdida sean consoladas".
Se leyó otra intención en francés "por los pobres y los necesitados, para que encuentren consuelo en la infinita bondad del Señor y para que su dignidad humana sea promovida mediante la ayuda fraterna".

Al dar una cálida bienvenida a la primera visita papal de su historia, los canarios se mostraron como embajadores de una fraternidad concreta y vivida, honrando así la memoria del Papa Francisco, quien había expresado su deseo de visitar el archipiélago.
“Pienso en sus corazones heridos por tantas dificultades, pero también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos”, declaró León XIV a los migrantes. Se alegró de ver a los habitantes de Canarias seguir así el camino propuesto por Cristo, quien, en su Pasión, también fue "consolado por personas compasivas que se acercaron para aliviar su dolor".












