La historia de la Basílica de la Sagrada Familia queda marcada por dos momentos que ya forman parte de la memoria de la Iglesia. En 2010, Benedicto XVI dedicó el templo y lo elevó a la categoría de Basílica. Dieciséis años después, León XIV regresó al corazón espiritual de la obra de Antoni Gaudí para bendecir la Torre de Jesucristo, la más alta de la Basílica y de toda la cristiandad.
Dos papas, dos acontecimientos históricos y una misma misión: anunciar a Cristo a través de una obra que sigue hablando de fe al mundo.










