El capitán de Iberia, Pablo Martínez Núñez, describe a un pasajero curioso y atento que presenció el despegue, saludó a un avión de escolta F-18 y firmó fotos familiares
El Papa León XIV pasó parte de su vuelo a Barcelona en un asiento inusual: la cabina de mando. Invitado por el capitán a pasar al frente, el Pontífice presenció el despegue junto a la tripulación y observó cómo un F-18 de la Fuerza Aérea Española, pilotado por el jefe del Escuadrón 151 del Ala 15 en Zaragoza, se acercaba para saludar al avión papal,
según un artículo publicado por COPE.
Lejos de ser un observador pasivo, el Papa —cuya formación académica se centra en la ciencia y las matemáticas— formuló preguntas detalladas sobre el procedimiento de aproximación y las zonas que sobrevolaría el avión, siguiendo atentamente las explicaciones de los pilotos. Durante el descenso, también pudo divisar la Sagrada Familia desde el aire.
Para el piloto Pablo Martínez Núñez, con 26 años de experiencia en Iberia, el viaje de 55 minutos fue único en su carrera; lo calificó como "el vuelo más especial hasta la fecha". La emoción se extendió a toda la tripulación, que saludó al Papa y posó para las fotografías; una azafata le comentó que acompañarlo había sido el sueño de su vida.
Antes de desembarcar, Leo XIV dedicó y firmó fotografías familiares pertenecientes al capitán, a su copiloto Ángeles Hernández González y al piloto del F-18.
Por su parte, Hernández González lo describió como una experiencia inolvidable. Es una católica devota de su diócesis natal y ha participado en la Jornada Mundial de la Juventud. La agencia de noticias española COPE señaló que volar junto al Papa le permitió unir su vida profesional con su profunda devoción a la Iglesia.
El vuelo formaba parte de una travesía apostólica que lleva al Papa a través de la Península Ibérica y las Islas Canarias, con tripulaciones diferentes encargadas de los tramos de ida y vuelta, mientras Martínez Núñez y su equipo repostaban para el viaje de regreso a Madrid.












