La Sagrada Familia, un edificio emblemático y suntuoso cuya construcción se prevé que continúe durante unos diez años más, es fruto del genio arquitectónico de Antoni Gaudí, de quien este año 2026 se cumple el centenario de su muerte. Así pues, desde hace un siglo, miles de artesanos, obreros y arquitectos se han sucedido para continuar con la construcción de la basílica. Algunos, que llegaron inicialmente para aportar sus habilidades técnicas, encontraron allí al Señor: este es, en particular, el caso del escultor japonés Etsuro Sotoo, nacido en 1953. Fascinado por la basílica durante una visita a Europa en 1978, regresó inicialmente como simple cantero, y luego se le encomendó esculpir algunas figuras de la fachada de la Natividad. Este recorrido artístico lo llevó a pedir el bautismo en la Iglesia católica y a recibir el Premio Ratzinger en 2024.
Es esta dimensión de una fe viva la que el Papa quiso destacar durante su visita, al entrar en este inmenso lugar por una pequeña "puerta", la de la vulnerabilidad y la fragilidad. Rodeada y animada con ternura por el rey y la reina de España, una niña ciega de 12 años, Valentina, recibió al Papa explorando con el tacto una maqueta de la torre de Jesucristo. Durante varios minutos, como en un tiempo suspendido, se tomó el tiempo de explicarle sus sensaciones y su comprensión de este edificio.

Esta iniciativa, impulsada por la ONCE —una organización española que, entre otras cosas, organiza loterías a beneficio de las personas ciegas—, tenía como objetivo poner de relieve la importancia de la accesibilidad a la cultura para las personas con discapacidad visual. Pero también adquiría un profundo valor espiritual, al demostrar que la basílica quiere ser acogedora para todos, y prioritariamente para los más pequeños.
"Un gran honor"
Unos minutos antes de la llegada del Papa, al observar los edificios cercanos a la Sagrada Familia también se notaba la cercanía de los más "pequeños" con esta basílica erigida en un barrio popular. Entre algunas banderas del Vaticano y las más numerosas de Cataluña, algunos balcones se animaban con escenas de la vida cotidiana: una niña de dos años jugando con un patinete, una señora mayor observando el dispositivo de seguridad con aire dubitativo, una pareja tomando el aperitivo… La vida cotidiana seguía su curso.
Mercedes, una mujer nacida en el barrio hace cincuenta años, no ocultaba su preocupación al ver su edificio rodeado por un perímetro de seguridad bastante restrictivo, pero se mostraba encantada de que este edificio, a cuya sombra creció, se encontrara en el centro de la atención mundial. "La basílica nos da sueños, y se ha desarrollado mucho a lo largo de los años. Ha cambiado la imagen de Barcelona", explicaba. "Y es una proeza arquitectónica", añadía su esposo, Carlos. Aunque se definían como no creyentes,
Un momento de unidad
"Hoy, la basílica de la Sagrada Familia nos acoge en esta hermosa ciudad, abriendo sus puertas como si fueran sus brazos para invitar a todos a este altar, a escuchar la Palabra de Dios que nos convierte en una familia amada por el Señor, alimentada de su propia vida en la Eucaristía", declaró el Papa en su homilía.
La presencia conjunta del rey Felipe VI y la reina Letizia junto a los dirigentes catalanes e incluso el jefe de Gobierno, Pedro Sánchez —quien nunca había asistido a una celebración católica desde su llegada al poder—, le daba a este evento la imagen de una "sagrada familia" reunida en torno a un símbolo unificador. El Papa no se equivocó al describir este edificio como un "signo de unidad y concordia para toda España".

Entre el público, muchos esperaban que León XIV regresara para la inauguración definitiva de la basílica una vez finalizada su construcción, posiblemente entre 2034 y 2036. Una perspectiva plausible y alentadora para los catalanes, que recibieron al Papa como a uno de los suyos, valorando sus esfuerzos lingüísticos: desde su llegada a Barcelona, ha sorprendido a la población al hablar en catalán con una fluidez inesperada. El "Papa Lléò XIV" ha situado así al pueblo de Cataluña en el centro de la atención mundial.
Pero más allá de la especificidad catalana, también ha destacado la fuerza de la Sagrada Familia como herramienta catequética dirigida a todos. "En su sabiduría, la Iglesia renueva así la Biblia pauperum [Biblia de los pobres] que son las antiguas catedrales, las cuales son en sí mismas mensajes de evangelización de gran riqueza", insistió el Papa en su homilía, subrayando que "el arte y la belleza son canales eminentes de evangelización". Al llevar a miles de personas a levantar la mirada al cielo cada día, la Sagrada Familia contribuye así a abrir espacios para el paso de Dios.











