Junio es el mes del Sagrado Corazón de Jesús. Cada día rezamos la letanía y contemplamos su amor por nosotros. Pero, ¿estamos seguros de que entendemos bien este culto?
He aquí cinco mitos sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús.
1VENERAMOS EL ÓRGANO DE JESÚS
Parece que el culto al Corazón consiste en rezar al… corazón, como órgano del cuerpo de Jesús. Al fin y al cabo, pedimos: "Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros". ¡La Iglesia no rinde culto al simple músculo cardíaco! ¡Ni mucho menos! La Iglesia incluso ha prohibido la creación de imágenes del corazón traspasado por una lanza o rodeado de una corona de espinas sin la figura visible de Jesús.
El corazón es símbolo de la esencia más profunda del Salvador y de su amor por nosotros, por el cual entregó su vida por nosotros. De este modo, la devoción al Corazón de Jesús expresa la esencia más profunda del cristianismo.
En la encíclica Heurietis aquas de Pío XII leemos:
"El Corazón de nuestro Redentor es, por tanto, imagen de la Persona Divina del Verbo y de su doble naturaleza —divina y humana—. Por ello, hay que ver en Él no solo un símbolo, sino como un resumen de todo el misterio de nuestra redención. Cuando veneramos el Sagrado Corazón de Jesús, en él y a través de él veneramos tanto el amor increado del Verbo de Dios como su amor humano, junto con todos sus sentimientos y virtudes".
2Esta devoción surgió solo después de las apariciones de Santa Margarita María
Jesús se apareció a Santa Margarita María Alacoque en el siglo XVII en Paray-le-Monial y le dio la forma más famosa de devoción al Sagrado Corazón: los Primeros Viernes. Sin embargo, el Sagrado Corazón ya era venerado mucho antes.
Ya en el Evangelio de Juan aparece la escena de la herida en el costado de Cristo, de la cual brotan sangre y agua. Los Padres de la Iglesia contemplaron el Corazón traspasado y reflexionaron sobre los tesoros de la Iglesia que de él emanan: el bautismo y la Eucaristía.
En la Edad Media se desarrolló la devoción por la Pasión del Señor, así como por las distintas llagas de Jesús. Se prestaba especial atención a su Corazón traspasado: signo de su amor por el hombre.
Las apariciones en Paray-le-Monial fueron para la Iglesia un signo de los tiempos, ya que en aquel entonces reinaba el rigorismo en la espiritualidad. El recordatorio del Corazón amoroso de Dios fue un bálsamo para los fieles atemorizados.
3ESTA DEVOCIÓN RELIGIOSA ES SOLO PARA PERSONAS MAYORES
En muchos países, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se asocia con las devociones de junio, las imágenes antiguas o las prácticas de generaciones pasadas.
Sin embargo, su esencia es muy actual: se trata de responder al amor de Dios y de aprender de Jesús la mansedumbre, la misericordia y la compasión. Este mensaje no pasa de moda, independientemente de la época.
Por eso, también los papas contemporáneos: Juan Pablo II, Francisco o León, recuerdan el Corazón de Jesús. Sobre este tema, Francisco escribió la encíclica Dilexit Nos, y León XIV completó su segunda parte: la exhortación Dilexi te.
4LOS PRIMEROS VIERNES GARANTIZAN LA SALVACIÓN
Este es uno de los mitos más peligrosos.
Algunos consideran la práctica de los nueve Primeros Viernes como una especie de "póliza de seguro para el cielo" automática. Sin embargo, la Iglesia nunca ha enseñado que el mero hecho de confesarse y comulgar mecánicamente un número determinado de veces garantice la salvación.
Esta práctica debe entenderse en su contexto original. Era una época de rigor, en la que la gente, movidas por el miedo y el sentimiento de indignidad, se confesaba y comulgaba solo una vez al año. ¡Jesús simplemente desea morar en el corazón de las personas con más frecuencia!
La esencia de esta práctica radica en la conversión, en vivir en la gracia santificante y en profundizar la relación con Cristo. Las promesas asociadas a los Primeros Viernes deben entenderse en el contexto de la fe, que consiste en construir un vínculo con Jesús, no en el efecto mágico de las prácticas religiosas.
5El culto al Sagrado Corazón de Jesús desvía la atención de Dios Padre y del Espíritu Santo
Algunas personas creen que centrarse en el Corazón de Jesús lleva a limitar la fe a una sola Persona de la Santísima Trinidad.
En realidad, ocurre todo lo contrario. Toda piedad cristiana auténtica conduce a una participación más plena en la vida de la Santísima Trinidad. El amor revelado en el Corazón de Cristo es, en definitiva, el amor de Dios mismo. Al contemplar el Corazón de Jesús, los fieles descubren el amor del Padre y la acción del Espíritu Santo.
Pío XII escribe en la encíclica:
"Esta adoración, en su esencia, no es otra cosa que la adoración del amor divino y humano del Verbo Encarnado, así como la adoración del amor que el Padre Celestial y el Espíritu Santo tienen por la humanidad pecadora. Porque, como enseña el Doctor Angélico, el amor de la Santísima Trinidad es el principio de la redención humana".










