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El padre Kevin, el sacerdote que evangeliza con una llave inglesa en la mano

Father Kevin Schroeder
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Katarina Berden - publicado el 09/06/26
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En Misuri, el padre Kevin Schroeder lleva desde 2017 transformando el garaje de su casa parroquial en un taller de reparaciones. Pero este sacerdote estadounidense no solo da una segunda vida a los objetos mecánicos, sino que también renueva los lazos y abre caminos inesperados hacia la fe

A primera vista, el garaje de la casa parroquial quizá no sea el lugar donde uno esperaría encontrar una forma particular de acompañamiento pastoral. Sin embargo, para Kevin Schroeder, sacerdote estadounidense de Chesterfield, en Misuri, se ha convertido en un lugar de encuentro, de ayuda mutua y de evangelización.

El padre Kevin Schroeder fue ordenado sacerdote en 2008. El mayor de catorce hermanos, siempre le ha gustado hacer bricolaje y reparar objetos considerados irreparables. De hecho, era uno de sus pasatiempos con sus hermanos y hermanas: le gustaba buscar objetos rotos y ver si era posible devolverles la vida.

Reparar objetos y almas

Por eso, tras su llegada a la parroquia de la Encarnación, impartió durante unos cuatro años un curso optativo de mecánica y reparación en la escuela parroquial. Un día, al necesitar material para sus alumnos, pidió a los feligreses que trajeran cortacéspedes y otros motores pequeños averiados para que los niños pudieran practicar.

Poco a poco, la gente empezó a pedirle que echara un vistazo a sus máquinas, y así nació su pequeño taller de reparación parroquial, llamado Lazarus Small Engine Repair, en referencia a la resurrección de Lázaro. "Lázaro vuelve a la vida y se reintegra en su comunidad; eso es un poco lo que deseo para estos objetos: que recuperen una nueva vida y vuelvan al servicio, como cortar el césped y cuidar los jardines", explica el padre Schroeder en un video compartido por la diócesis de San Luis.

El sacerdote suele dedicar un día a la semana a la reparación y calcula que ha arreglado unos 400 aparatos desde 2017. Sus "clientes" son principalmente feligreses, pero la fama de este atípico sacerdote-mecánico se ha extendido también a vecinos, amigos y compañeros de trabajo. Así, al reparar aparatos averiados, conoce a personas con las que nunca se cruza en la iglesia y aprovecha para hablarles de Dios. El padre Kevin cuenta que también le han pedido ayuda viudas que, tras la muerte de sus maridos, no sabían qué hacer con las pertenencias de estos.

Un garaje de transformaciones

El garaje de la casa parroquial se convierte entonces en un lugar de conversaciones profundas. "Charlo un rato con ellos y descubro su historia. Es algo muy informal, hablan tanto o tan poco como quieran. Algunos quieren hablar de su pasado o de sus inquietudes espirituales. Y si solo quieren que les ayude a cargar sus cosas y a seguir su camino, espero que tengan la sensación de que la Iglesia los ha atendido bien".

La historia del padre Kevin Schroeder demuestra que no hacen falta grandes discursos para predicar; a veces, basta con tender la mano: "¿En qué puedo ayudarte?". Y en su caso, la respuesta toma una forma muy concreta: "Trae la cortadora de césped, voy a echarle un vistazo". Y ahí reside toda la belleza de su misión. En un mundo en el que tantas cosas se desechan demasiado rápido —objetos, relaciones, a veces incluso personas—, él nos recuerda que en Cristo siempre hay lugar para una vida nueva, incluso allí donde, a primera vista, nada parecía poder repararse.

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