"La libertad moderna también se gestó mediante un largo proceso de despertar de conciencias, profundamente marcado por la tradición cristiana", declaró León XIV ante las Cortes de Madrid, ante los parlamentarios españoles, el 8 de junio de 2026, tercer día de su viaje a España. En un discurso ampliamente aplaudido, que evocaba la época dorada de la España católica, el Papa defendió el "valor fundamental" de la vida, el papel central de la familia, la educación católica y la libertad religiosa, y pidió una respuesta a la "trágica crisis migratoria" que trascienda "cualquier interpretación puramente demográfica o económica". Ante la "profunda crisis espiritual y cultural" que atraviesa el mundo, abogó por una "renovación moral" de la política.
Por la mañana, el Papa celebró la Misa en la Nunciatura Apostólica, donde posteriormente recibió en audiencia privada al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante unos veinte minutos. A continuación, se trasladó en coche al Palacio de las Cortes, sede del Parlamento español, donde tenía previsto pronunciar su primer discurso del día ante el Congreso de los Diputados, la cámara baja del sistema bicameral español, que también incluye el Senado. El edificio neoclásico se erigió sobre el solar de una antigua iglesia conventual destruida en el siglo XIX. Allí, el pontífice fue recibido por los presidentes del Congreso y del Senado, Francina Armengol y Pedro Rollán Ojeda, respectivamente.

Construido en el siglo XIX sobre el emplazamiento de una antigua iglesia dedicada al Espíritu Santo, este hemiciclo ha ocupado con frecuencia un lugar central en la historia del país, especialmente durante el fallido golpe de Estado del coronel Antonio Tejero en 1981, cuando sus hombres abrieron fuego en el interior del Parlamento. Este oficial, nostálgico del franquismo, vio frustrado su plan para restaurar la dictadura por el Rey y todos los partidos políticos del país, comprometidos con la estabilidad institucional de España; valores que estos días se conmemoran en el palacio con fotografías de los diputados que firmaron la Constitución de 1978, que restauró el pluralismo político.
El pontífice fue aplaudido por todos los parlamentarios a su llegada al hemiciclo, en presencia de los presidentes del Senado, del Gobierno español, del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo, así como de los ex primeros ministros Mariano Rajoy y José María Aznar (Partido Popular, derecha). En su discurso de apertura, la presidenta del Congreso, Francina Armengol (Partido Socialista), destacó la importancia de la presencia del Papa, su primera comparecencia ante el Parlamento español. "La paz debe ser el eje central de la acción política internacional", insistió, subrayando la importancia del multilateralismo, uno de los puntos de convergencia entre el Gobierno de izquierdas y la Santa Sede.
La presidenta también expresó su pleno apoyo a la postura del Papa sobre la inteligencia artificial en su encíclica Magnifica Humanitas, promulgada el 25 de mayo. "Identificarse con las palabras de Su Santidad es una obligación ética para todas las democracias", afirmó. Asimismo, describió el abuso sexual como una "herida abierta" en la Iglesia Católica que requiere "reparación y compensación". La Conferencia Episcopal y el gobierno alcanzaron un acuerdo sobre un mecanismo de compensación caso por caso el pasado mes de marzo, tras varios años de intensa tensión. El Papa tiene previsto reunirse con víctimas de abuso durante su visita, según anunció la Santa Sede. De acuerdo con la prensa española, se espera que esta reunión tenga lugar este lunes por la tarde.
España, tierra de libertad y ley
En su extenso discurso, León XIV explicó que su presencia pretendía ser "un gesto de solidaridad con España" y una muestra de la importancia que la Iglesia otorga a la vida política, respetando al mismo tiempo la "misión específica" de las instituciones legislativas. Elogió la "memoria particularmente rica" del país, afirmando que este legado "ha forjado una manera particular de vivir la libertad, practicar la justicia y organizar la vida comunitaria".
"La libertad […] es uno de los dones más preciados que el cielo ha concedido a la humanidad", afirmó el pontífice, citando el Quijote de Miguel de Cervantes. Subrayó cómo esta dimensión de la humanidad se encarnaba en la "profundidad espiritual" de Santa Teresa de Ávila, pero también en la "inquietud metafísica" del poeta y político católico Miguel de Unamuno (1864-1936), un opositor conservador del franquismo.
Bajo frescos que representan figuras como Cristóbal Colón e Isabel la Católica, el Papa destacó especialmente la importancia de la Escuela de Salamanca en el ámbito del derecho, recordando que fue entre los muros de esta universidad, una de las más antiguas de Europa, donde el dominico Francisco de Vitoria concibió el principio de "Totus Orbis" —"el mundo entero"— en el siglo XVI, en la época del descubrimiento de América, describiéndolo como la piedra angular del derecho internacional.
"Al abrirse nuevos horizontes e inmensas posibilidades en las relaciones entre los pueblos, ciertos intelectuales comprendieron que no se podía invocar la razón para legitimar lo que la fuerza o el interés propio presentaran como conveniente", insistió, reconociendo, sin embargo, "que la sociedad y la propia Iglesia no siempre han estado a la altura" de estas ideas.
León XIV describió el legado de esta escuela de pensamiento como "uno de los grandes legados de España»" un legado que "sigue resonando hoy en día: que la dignidad, la justicia y el bien común deben ser la norma en las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como internacional".
El Papa subrayó su relevancia ante "los nuevos mundos que se abren ante nosotros, mundos que ya no figuran en los mapas": los de la tecnología, la economía, la biomedicina y el ámbito digital, "donde el poder humano toca áreas cada vez más sensibles de la vida personal y social".
Refiriéndose a su encíclica Magnifica Humanitas, destacó la importancia del "discernimiento" respecto al "lugar de la persona humana" en las decisiones políticas.
Defensa de la vida, la familia y la educación religiosa

En este punto, el Papa se basó en el discurso pronunciado por Benedicto XVI ante el Bundestag en Berlín en 2011 para reiterar que "toda sociedad verdaderamente justa se fundamenta en el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana", y que esta dignidad "precede a cualquier concesión del Estado y no puede subordinarse a un consenso social cambiante ni a las fluctuaciones de las mayorías del momento". Lamentando, en palabras del Papa Francisco, la "cultura del descarte", afirmó que la defensa de la vida humana "no es una cuestión de interés particular o confesional", sino "un objetivo civilizatorio".
"Toda vida humana debe ser reconocida y preservada desde la concepción hasta su fin natural, en todas las circunstancias de su existencia", afirmó el pontífice ante los parlamentarios que aprobaron una ley que autoriza la eutanasia en junio de 2021. "Cuando esta certeza se desvanece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su sentido más profundo: servir y proteger a cada persona", insistió, explicando que "la grandeza moral de una nación se manifiesta sobre todo en su capacidad de acompañar, proteger y amar estas vidas marcadas por una mayor fragilidad".
León XIV también hizo hincapié en la "importancia particular" que debe otorgarse a la familia en el ámbito político, "la primera entidad humana y el fundamento natural de la comunidad". "Cuando se apoya a la familia, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones", afirmó, destacando asimismo el papel que desempeñan las instituciones educativas.
En un contexto marcado por las tensiones en torno a la educación católica en España, instó a los parlamentarios a "respetar siempre el derecho primordial e inalienable de los padres a elegir el tipo de instrucción y formación que se impartirá a sus hijos".
Para una respuesta internacional a la crisis migratoria
El Papa describió finalmente el "drama trágico de la migración". "Esta realidad trasciende cualquier interpretación puramente demográfica o económica: constituye una cuestión eminentemente moral y jurídica", insistió. Denunció la discriminación nacional, social, étnica, religiosa y lingüística que sufren algunos migrantes.
"La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que ponga a las personas en el centro, que aborde las causas profundas que los obligan a marcharse y que vaya más allá de la mera gestión de los flujos migratorios", declaró el Papa, abogando por la migración legal y la acción política internacional contra los traficantes de personas que explotan la "desesperación" de los migrantes. "Cuando la respuesta institucional es local, equitativa y coordinada, las fronteras dejan de ser lugares de abandono y pueden convertirse en espacios de protección responsable de la dignidad humana", afirmó.
León XIV afirmó finalmente que una ley "no alcanza su verdadera grandeza simplemente por ser adoptada formalmente", sino cuando "puede presentarse ante la dignidad de la persona y superar esta prueba sin tener que sonrojarse".
Valentía diplomática y libertad religiosa

En la parte final de su discurso, el pontífice propuso vías de acción política capaces de responder a la "profunda crisis espiritual y cultural" que azota al mundo, "que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza mutua". Abogando por la "valentía diplomática", declaró que era "preocupante" que, en el mundo, "incluida Europa", el rearme se presente "una vez más como una respuesta casi inevitable a la fragilidad del contexto internacional".
En su defensa de una cultura de reciprocidad, León XIV afirmó que el pluralismo político no debía "degenerar en el descrédito permanente del adversario", declarando que los políticos tienen la obligación de "desarmar el lenguaje". "La firmeza no implica desprecio; el desacuerdo no implica humillación", insistió, haciendo un alegato a favor de la libertad de pensamiento, conciencia y religión.
Al afirmar que "la legítima autonomía del orden temporal nunca debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso", el Papa recordó que la política tiene el deber de "preservar un espacio sagrado de libertad interior".
"La libertad moderna también se ha forjado mediante un largo proceso de despertar de conciencias, profundamente marcado por la tradición cristiana", señaló, citando ámbitos como la justicia, la atención a los pobres, la acogida de extranjeros y el respeto a la vida humana.
Tras invitar a los diputados a "levantar la vista" y recordar "que cada decisión del gobierno afecta a personas reales", León XIV concluyó abogando por una "renovación moral" de la vida política. Fue aplaudido durante casi diez minutos por todos los diputados, incluidos los de la extrema derecha, los autonomistas y la izquierda radical. "¡Viva el Papa!", resonó en las bancadas hasta su partida.
El resto del programa
La jornada del Papa apenas comienza: se reunió con los obispos españoles en la sede de la Conferencia Episcopal a las 11:30 h y esta tarde, a las 18:00 h, tiene previsto acudir a la Catedral de Santa María la Real de la Almudena para una misa mariana, en la que se ofrecerá una rosa de oro a Nuestra Señora de la Almudena, patrona de Madrid. Finalmente, a las 18:45 h, el Papa se reunirá con la comunidad de la diócesis madrileña en el famoso Estadio Santiago Bernabéu, sede del Real Madrid.










