Los católicos romanos están muy familiarizados con la oración del "Ave María", y rezan el rosario, que se ha convertido en una de las devociones católicas más emblemáticas. Si alguien menciona la oración del "Ave María", es probable que se refiera a la tradición católica romana.
Sin embargo, los católicos romanos no son los únicos que rezan el "Ave María".
Los católicos bizantinos y los cristianos ortodoxos orientales también rezan una versión del "Ave María" en la liturgia y en su devoción personal.
Salve, oh Madre de Dios
En primer lugar, cabe señalar que, técnicamente, el "Ave María" existe desde que Lucas escribió su Evangelio, e incluso desde antes, desde que Gabriel y Isabel pronunciaron las palabras que Lucas recogió.
En el Evangelio de Lucas encontramos los dos versículos principales que conforman la oración del "Ave María", tan frecuentemente utilizada. La primera parte de la oración se deriva de la Anunciación, cuando el ángel Gabriel saludó a María diciendo: "¡Salve, llena de gracia, el Señor está contigo!" (Lucas 1, 28)
La siguiente parte de la oración se toma de la Visitación, cuando Isabel saludó a María con las palabras: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!" (Lucas 1, 42)
En los siglos siguientes, la Iglesia combinó esos dos versículos y los utilizó ocasionalmente en la liturgia. Se cree que San Gregorio Magno utilizó esa primera parte del Ave María en el siglo VI durante el Adviento.
La oración elaborada
Para los cristianos de Oriente, los versículos de las Escrituras se plasmaron en la siguiente formulación:
¡Salve, oh Madre de Dios (Theotokos), Virgen María, llena de gracia, el Señor está contigo! ¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, pues has dado a luz a Cristo, el Salvador de nuestras almas!
En Occidente, el Ave María se desarrolló de manera diferente y no se consolidó en su forma actual hasta el siglo XVI.
Aunque los católicos orientales no crearon un rosario específico para rezar el Ave María, este sigue formando parte de la oración litúrgica y la devoción privada.
Tanto Oriente como Occidente se unen para alabar a la Virgen María utilizando palabras extraídas de la Biblia.










