A pocos días del 12.º aniversario de su ascensión al trono, el rey Felipe VI de España se prepara para recibir la primera visita papal de su reinado. Él y su esposa, la reina Letizia, recibirán al pontífice en el Palacio Real a última hora de la mañana del sábado 6 de junio. El rey pronunciará un discurso de bienvenida, ya que este viaje pontificio tiene carácter de visita de Estado. Si bien la ausencia de una misa de entronización al inicio de su reinado se había percibido como un signo de laicización de la monarquía, el rey de España ha manifestado recientemente su cercanía con el papado.
Tras ser recibido en el Vaticano por el Papa León XIV el pasado 20 de marzo, Felipe VI se dirigió a la basílica de Santa María la Mayor para recibir allí el título de protocanónigo, que tradicionalmente se otorga a los soberanos españoles. En un breve discurso, el rey rindió homenaje al Papa Francisco, enterrado en esta basílica.
"Su pontificado ha sido un faro ético para la humanidad; una referencia para creyentes y no creyentes, por su cercanía, su sabiduría y su compasión, en particular hacia los más desfavorecidos", declaró el soberano español, feliz de encontrar "esa misma sensibilidad" en León XIV. "Hablamos de la época que vivimos; de estos días en los que tanto necesitamos claridad: claridad en los actos y en las palabras; claridad de corazón y de conciencia", confió el rey.

Cierta discreción
No obstante, en sus relaciones con el papado y con la Iglesia, el soberano se ve obligado a mantener cierta discreción. "Tras la abdicación de Juan Carlos, Felipe VI logró restaurar el prestigio de la monarquía, pero debe lidiar con un gobierno cercano a fuerzas de extrema izquierda que le son muy hostiles", explica el historiador francés Benoît Pellistrandi.
"Hay que saber que el rey de España no puede hacer nada por su cuenta. No puede desplazarse sin ir acompañado de un ministro o un representante del gobierno", precisa. Obligado a firmar leyes que van en contra de la ética católica, como la de la eutanasia, el rey no puede sobrepasar sus prerrogativas constitucionales.
Sin embargo, le corresponde encarnar la unidad nacional, sobre todo en momentos de tragedias colectivas. “Cuando se celebran misas fúnebres por víctimas de catástrofes colectivas, como ocurrió durante las inundaciones de Valencia en el otoño de 2024, o este año a raíz del accidente en la mina de Asturias, el rey y la reina están presentes, mientras que el jefe de Gobierno no lo está, lo que escandaliza a las familias de las víctimas”, explica el historiador. "En estas circunstancias, Felipe VI está en sintonía con el discurso de consuelo de la Iglesia y con su papel de 'rey consolador'. Es claramente de tradición católica. Es un creyente sincero, pero también sabe que debe mantener cierta neutralidad para encarnar al Estado. Su gran preocupación es que no se le acuse de nacionalcatolicismo", precisa Benoît Pellistrandi.
El delicado legado de Juan Carlos
Aunque Felipe VI se emancipó rápidamente de la tutela de su padre Juan Carlos, cuya imagen pública se derrumbó al final de su reinado, sigue sus pasos al cultivar un fuerte vínculo con el papado. Para comprender el carácter vital de este vínculo para la supervivencia de la monarquía española, hay que remontarse más de 50 años atrás.
Tras la muerte del Caudillo en 1975, la llegada al trono de Juan Carlos fue vista con escepticismo. Algunos incluso apodaron a este joven rey "Juan Carlos el Breve", pensando que pronto se vería obligado a abdicar, ya que su única legitimidad era haber sido elegido por Franco para sucederlo. Pero el nuevo monarca se preparaba para una apertura política en la que el apoyo de la Santa Sede y del episcopado español sería decisivo.
Desde los primeros días de su reinado, Juan Carlos I pasó rápidamente página al nacionalcatolicismo, haciendo suyas las palabras del cardenal Tarancón, arzobispo de Madrid. En la homilía de la misa de entronización del nuevo monarca, este advierte que Cristo no puede ser esgrimido como un "estandarte político": de repente, se pasa página al franquismo. Ya en 1976, el rey renuncia al "derecho de presentación" de los obispos que tradicionalmente correspondía al jefe de Estado español: el papa recupera así plena libertad para la renovación del episcopado local.
El 10 de febrero de 1977, Juan Carlos es recibido calurosamente por Pablo VI en el Vaticano. El papa italiano expresa entonces su "intensa satisfacción", diciendo sentir, a través de esta visita, "la presencia palpitante, sumamente agradable y consoladora, de toda España". El pontífice, de casi ochenta años, elogia el compromiso de este rey de treinta años con la construcción de una "España joven, abierta, orientada hacia un progreso multifacético, fiel a lo que la constituye en su esencia, pero orientada hacia nuevos horizontes".
Juan Carlos se convertirá en el jefe de Estado que más visitas papales reciba, ocho en total: cinco bajo Juan Pablo II y tres bajo Benedicto XVI. A modo de comparación, el muy católico rey de los belgas, Balduino, solo recibió una visita papal, en 1985.

Sin embargo, el prestigio de Juan Carlos se desmoronó en los últimos años de su reinado, debido a escándalos financieros y sexuales que lo llevaron a abdicar en 2014 y, posteriormente, a exiliarse en 2020 a los Emiratos Árabes Unidos. Desde entonces, ha realizado algunas visitas puntuales a España, pero se mantiene relativamente al margen de la vida pública. Según una persona cercana a la familia real, no se espera que el ex rey participe en la recepción del papa León XIV, pero su esposa, la reina Sofía, sí estará presente. Una forma de encarnar la continuidad del vínculo entre el papado y la Corona española, más allá de las debilidades humanas y los vaivenes de la historia.










