Es necesario cuidar "con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de las celebraciones", explicó León XIV durante la audiencia general del 3 de junio de 2026. La liturgia debe enseñar a los fieles a "vivir en un ritmo habitado por el Espíritu Santo" y permitirles "saborear la presencia de Dios", insistió.
Este miércoles, poco antes de las 10 de la mañana, el papa estadounidense saludó desde su papamóvil a la multitud reunida en la Plaza de San Pedro. Bajo una ligera lluvia, continuó con su ciclo de enseñanzas sobre el Concilio Vaticano II (1962-1965), y en particular con la lectura de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, con la que se promulgó la reforma de la liturgia católica latina en 1963.
"Los ritos de la liturgia cristiana no son […] un conjunto de ceremonias arbitrarias, sino la mediación eclesial a través de la cual nos llega el don divino", comenzó León XIV. La liturgia despierta una "sensibilidad espiritual" que debería permitirnos "experimentar la presencia de Dios", continuó. Para que esto suceda, los fieles no deben ser meros "espectadores distantes o silenciosos", advirtió el papa número 267.
Volver a lo básico
"A través del ritual sagrado […], descubrimos que somos una asamblea multifacética, unida por la misma fe", explicó León XIV. Esta "secuencia bien definida de gestos y oraciones" a veces puede "contrarrestar nuestra tendencia individual a la espontaneidad", reconoció. "Su lógica, sin embargo, no consiste en confinar la libertad dentro de patrones rígidos", sino más bien en permitirnos interrumpir las "actividades frenéticas" y devolvernos a lo esencial, afirmó el Papa.
El pontífice peruano-estadounidense afirmó que la liturgia permite "una pausa que regenera el corazón" y nos enseña a "vivir en un ritmo habitado por el Espíritu Santo". Luego se centró en el "signo del agua", que describió como "emblemático". El agua simboliza la creación, el diluvio, el cruce del Mar Rojo y el agua que brotó del costado de Cristo. Es el "signo sacramental de inmersión en su muerte y resurrección".
León XIV hizo hincapié en la diferencia entre las palabras "signo" y "símbolo", que con demasiada frecuencia se utilizan como sinónimos. "En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de referirse no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y valores", explicó.
"Los símbolos son esencialmente prácticos", explicó el pontífice número 267. Incluyen acciones sencillas "como arrodillarse y darse la paz", pero también "otras más exigentes, como los actos constitutivos de cada sacramento".
El Papa hizo hincapié en la necesidad de "dejarnos educar por los ritos de la liturgia" y de cultivar "con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones". "La experiencia de una liturgia viva y devota […] es el mejor recurso para despertar en cada persona esta apertura al encuentro con Dios", afirmó el pontífice peruano-estadounidense. Este contacto con Dios "solo puede darse involucrando a la persona en su totalidad: espíritu, alma y cuerpo", concluyó.










