En el siglo XIII, una monja belga llamada Juliana de Lieja instó a los dirigentes de la Iglesia a instituir una fiesta en honor al Santísimo Sacramento el jueves siguiente al Domingo de la Trinidad. La fiesta del Corpus Christi se estableció finalmente como fiesta universal en 1264, y poco después se le concedió una "octava", lo que significa que los temas espirituales celebrados en el Corpus Christi seguirían siendo el centro principal de la liturgia de la Iglesia durante un total de ocho días.
El Sagrado Corazón pide cuándo se le honre
Así fue durante muchos siglos, y en el siglo XVII, santa Margarita María Alacoque tuvo una visión privada en la que Jesús le reveló su corazón y le dijo: "Te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus Christi se consagre como una fiesta especial para honrar mi Corazón". Se sabe que tuvo esta visión durante la adoración eucarística, con el Santísimo Sacramento expuesto en el altar.
Esto no se cumplió plenamente hasta 1856, cuando el papa Pío IX estableció la fiesta del Sagrado Corazón en el calendario romano universal, fijándola en el día siguiente a la octava de Corpus Christi. Actualmente se sigue celebrando en esta fecha, aunque ya no se celebre la octava de Corpus Christi y la solemnidad de Corpus Christi se haya trasladado al domingo siguiente al Domingo de la Trinidad en algunos países (como es el caso de Estados Unidos, por ejemplo).
Corpus Christi y el Corazón de Jesús
Es apropiado que la Iglesia haya meditado sobre el don del Santísimo Sacramento durante ocho días, preparándose espiritualmente para honrar el Corazón de Jesús. Ambos están íntimamente vinculados, como señala un artículo de Catholic Exchange:
"Las dos devociones —al Sagrado Corazón y a la Eucaristía— están estrechamente relacionadas. Se complementan mutuamente y, podríamos incluso decir, se necesitan la una a la otra. El Sagrado Corazón explica el misterio del amor de Jesús, por el cual Él se convierte en pan para alimentarnos con su sustancia, mientras que en la Eucaristía tenemos la presencia real de este mismo Corazón, que vive entre nosotros. Es maravilloso contemplar el Corazón de Jesús como símbolo de su amor infinito, pero es aún más maravilloso encontrarlo siempre cerca de nosotros en el Sacramento del altar.
El mismo Jesús pidió a Santa Margarita María que promoviera tanto la fiesta del Sagrado Corazón como la adoración eucarística, dejando muy clara la conexión. Es en la hostia eucarística donde podemos encontrar el Corazón de Jesús, latiendo y derramándose sobre nosotros".
No es una coincidencia que la fiesta del Sagrado Corazón caiga tan cerca de la fiesta del Corpus Christi, ya que la celebración de una conduce naturalmente a la otra.










