La mayoría de nosotros estamos muy familiarizados con la Cuaresma y las diversas normas de ayuno propias de este tiempo penitencial que precede a la celebración de la resurrección de Jesucristo en Pascua.
Fuera de la Cuaresma, existen diversas costumbres y tradiciones de ayuno que practican los católicos de todo el mundo. En los últimos años se ha hablado mucho en Internet de la "Cuaresma de San Miguel", que es una preparación de 40 días para la fiesta de San Miguel Arcángel, inspirada en una práctica de la vida de san Francisco de Asís.
De manera similar, existe un período de ayuno en la Iglesia oriental que muchos denominan "Cuaresma de verano", que sigue a la celebración de Pentecostés. Se trata de un tiempo de ayuno único, que tiene profundas raíces en la tradición apostólica.
El ayuno de los apóstoles
La Eparquía de Phoenix explica que "el Ayuno de los Apóstoles" o “Cuaresma de verano” es un ayuno estival que comienza tras el Domingo de Todos los Santos (después de Pentecostés) y concluye el 29 de junio, fiesta de los santos Pedro y Pablo. Conmemora la preparación de los apóstoles para su labor misionera tras Pentecostés e invita a los fieles a compartir ese espíritu de oración, ayuno y testimonio.
El ayuno se centra en la preparación para la misión, imitando a los apóstoles y a los primeros cristianos.
El Ayuno de los Apóstoles tiene una rica historia y se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Lo siguiente procede de las Constituciones Apostólicas, un documento que data del siglo IV:
"Después de haber celebrado la fiesta de Pentecostés, celebrad una semana más de fiesta, y después de eso ayunad; pues es razonable regocijarse por el don de Dios, y ayunar tras ese descanso: pues tanto Moisés como Elías ayunaron cuarenta días, y Daniel durante tres semanas no comió pan apetecible, y carne y vino no entraron en su boca".
Lo interesante es que incluso San León Magno, un santo y papa católico romano, escribió sobre este ayuno en el siglo V:
"La fiesta de hoy, queridos hermanos, santificada por el descenso del Espíritu Santo, va seguida, como sabéis, de un ayuno solemne. … ordenado como una práctica sana y necesaria, para que, si tal vez por descuido o desorden, incluso en medio de las alegrías de la fiesta, se ha producido alguna licencia indebida, pueda corregirse con el remedio de la abstinencia estricta, que debe llevarse a cabo con mayor escrupulosidad para que lo que fue divinamente concedido a la Iglesia en este día permanezca en nosotros". (Sermón 78)
Un ayuno voluntario
Las normas específicas del ayuno varían según la tradición y no es ampliamente observado por todos los católicos orientales, ya que a menudo se considera un ayuno "voluntario".
Aunque puede que no sea un requisito para la mayoría de nosotros, nos recuerda la importancia que la Iglesia ha concedido al ayuno desde sus inicios, basándose tanto en nuestra herencia judía como en las palabras de Jesús en las Escrituras. El ayuno es una disciplina espiritual importante y cada uno de nosotros tiene el reto de considerar cómo podemos preparar nuestras almas mediante la privación de nuestros cuerpos.










