Los recuerdos son un tesoro preciado que a medida que crecemos vamos almacenando en nuestro cerebro, de tal manera que podemos volver a ellos cuando vemos una foto, olemos un aroma particular o comemos un platillo que nos retorna a nuestra infancia. A este sentimiento se le llama nostalgia, pero ¿qué pasa cuando ocurre con frecuencia y añoras volver al pasado?
¿Qué es la nostalgia?
La nostalgia es un deseo de regresar a un momento o acontecimiento en el pasado. Este sentimiento suele ser pasajero y, por lo regular, aparece especialmente cuando recordamos algún acontecimiento que nos hizo muy felices o que fue muy placentero.
Lo primero que hay que entender es que este sentimiento no es malo; solo es necesario saberlo enfocar y entender de dónde viene. De hecho, no solo no es dañino, sino que tiene muchos beneficios: nos ayuda a conectar con nuestra identidad y nos brinda consuelo al recordar a una persona que quizás ya no está; también nos reconecta con momentos importantes en nuestra vida que se volvieron parte importante de nuestra historia de vida, haciéndonos ser quienes somos hoy.
La nostalgia crónica

Sin embargo, cuando esta sensación es constante, debido a que pasamos mucho tiempo viendo fotos antiguas o idealizando alguna etapa pasada de nuestra vida, provoca un rechazo por el contexto presente que, a su vez, conduce a la tristeza.
Es ahí cuando este sentimiento deja de estar ordenado y se convierte en una nostalgia crónica, provocando estragos en nuestro presente e impidiendo que avancemos sanamente. El problema no es recordar, sino dejar de habitar en el presente.
¿Por qué algunos quieren regresar al pasado?
En ocasiones tenemos la sensación de que nuestro pasado era mejor que la etapa que estamos viviendo, quizás porque hay más responsabilidades o porque alguien importante para nosotros ya no está y ya no forma parte de nuestra vida presente ni futura.
Aquí ocurre algo interesante, el cerebro empieza a vivir el fenómeno de la idealización. El cual ocurre cuando nuestra mente "edita" el pasado y lo recuerda mejor de lo que realmente fue. No significa que los recuerdos sean falsos, sino que solemos conservar con más fuerza las emociones agradables y suavizar las difíciles.
Estancamiento en el pasado
Hay muchas personas que piensan: “antes era más feliz”, “mi infancia fue perfecta” , “en esa época todo tenía sentido”, “extraño cómo eran las cosas antes”, entre muchas otras cosas más. Sin embargo, si lo pensaran objetivamente, también hubo problemas, miedos o dificultades en esa etapa.
Cuando se activa el fenómeno de la idealización existe la tendencia a olvidar aquellos momentos difíciles o amargos, recordando únicamente lo bueno o modificándolo para verlo así. El cerebro humano no almacena recuerdos como una cámara de video. Los reconstruye emocionalmente cada vez que los recordamos.
Refugiarse en el pasado "editado" por nuestra memoria para evadir las dificultades del presente no es una buena opción. Esta dependencia del ayer limita la posibilidad de construir un futuro mejor debido a la trampa de la memoria selectiva. Así lo describió el psicólogo Antoni Bolinches.
¿Cómo dejar de vivir atrapados en el futuro?

La nostalgia no es el enemigo. Recordar con cariño ciertas etapas, personas o momentos puede ser incluso una fuente de identidad y consuelo. El problema aparece cuando el pasado se convierte en el único lugar donde sentimos que fuimos felices.
Para reconciliarnos con el pasado es importante aceptar que cada etapa de la vida tiene belleza y también dificultades. Ninguna fue completamente perfecta, así como tampoco nuestro presente está completamente vacío de cosas buenas.
Abrazar con nostalgia, pero vivir el presente
Tal vez el reto no sea olvidar el pasado, sino agradecerlo sin dejar de caminar. Porque aunque algunas etapas hayan terminado, todavía existen nuevas historias por vivir, nuevas personas por amar y nuevas versiones de nosotros mismos por descubrir.











