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La Iglesia se adelanta a la IA

Inteligencia artificial ia
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Luis Carlos Frías - publicado el 27/05/26
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El Papa León XIV ha presentado su primera encíclica, Magnifica Humanitas, “sobre la custodia de la persona humana en la era de la Inteligencia Artificial”. Dado que no es el primer documento del Magisterio de la Iglesia acerca de este tema, presentamos aquí un breve compendio de tales enseñanzas como contexto de estudio de este nuevo documento pontificio

¿Demasiado pretencioso el título de este artículo?…No por sus avances tecnológicos (¡obvio!), pero sí porque está vertebrando su ética; es decir, le está garantizando un ‘rostro’ humano a fin de que este magnífico recurso del ingenio humano, no acabe por reducirlo, oprimirlo y desplazarlo.

¿Quién al servicio de quién?

El magisterio social de la Iglesia sostiene que todos los activos científicos y tecnológicos, presentes y futuros, deben estar al servicio del ser humano pues este no solo es su fuente, sino su fin. Pensarlos en sentido opuesto; es decir, ponerlos por encima del hombre es un grave atentado a su dignidad. 

“El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario.” (Concilio Vaticano II, Const. pastoral Gaudium et spes, 26),

Cualquiera en su sano juicio podría suscribir tal principio; pero más de alguno lo podría considerar demasiado obvio. En realidad no es ocioso este llamado de la Iglesia si vemos los resultados devastadores de la ciencia y tecnología cuando son usadas inmoralmente para engañar, oprimir, destruir y matar. 

En el caso de la IA, es muy común naufragar en su océano de la Internet con noticias falsas; videos e imágenes manipuladas o re-generadas para que expresen lo contrario a su sentido original; textos pseudocientíficos que desinforman o engañan; tutoriales nocivos e, incluso, destinados para dañar a otra personas; vigilancia no autorizada de lo que hablamos, decimos, hacemos; sustitución del conveniente esfuerzo humano por investigar, aprender, razonar, sintetizar, lo cual dinamita la creatividad y el desarrollo de su talento; o el desarrollo de armas autónomas de mayor letalidad, entre muchos otros casos.

Un tema fundamental de esta invasión de IA en áreas propias del ser humano es la pretensión de sustituir la reflexión y conciencia moral humana por algoritmos que no tienen alma, ni conciencia moral, ni experimentan lo que es el amor o la espiritualidad. Esto lo vemos, por ejemplo, en empresas que ‘desechan’ personas por no satisfacer ciertos estándares de algoritmos determinados por la propia IA.

Sus múltiples ventajas 

Es importante señalar que la IA ofrece múltiples ventajas y ayudas al ser humano. No se entenderían, por ejemplo, muchos de los actuales avances en la ciencia médica sin la IA. En tareas de comunicación, la IA es fundamental; lo mismo en educación y desarrollos científicos y tecnológicos. Por ello no es condenada por la Iglesia, sino promovida con un sentido ético, conforme a la Dignidad Humana:

“Cuando los seres humanos, 'con ayuda de los recursos técnicos', se esfuerzan para que la tierra 'llegue a ser morada digna de toda la familia humana' [Gaudium et spes, n. 57], actúan según el designio de Dios y cooperan con su voluntad de llevar a cumplimiento la creación y difundir la paz entre los pueblos. Asimismo, el progreso de la ciencia y de la técnica, en la medida en que contribuye a un mejor orden de la sociedad humana y a acrecentar la libertad y la comunión fraterna, lleva al perfeccionamiento del hombre y a la transformación del mundo” (Papa Francisco, Mensaje para la 57 Jornada Mundial de la Paz, 1 enero 2024).

Inteligencia Artificial y paz

En su mensaje para la 57 Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco señaló la necesidad de construir un andamiaje en la IA para vocacionarla a la construcción de la paz. El punto de partida, preocupantemente, es la ausencia de este importante fin.

“La Inteligencia Artificial, por tanto, debe ser entendida como una galaxia de realidades distintas y no podemos presumir a priori que su desarrollo aporte una contribución benéfica al futuro de la humanidad y a la paz entre los pueblos. Tal resultado positivo solo será posible si somos capaces de actuar de forma responsable y de respetar los valores humanos fundamentales como ‘la inclusión, la transparencia, la seguridad, la equidad, la privacidad y la responsabilidad’. No basta ni siquiera suponer, de parte de quien proyecta algoritmos y tecnologías digitales, un compromiso de actuar de forma ética y responsable. Es preciso reforzar o, si es necesario, instituir organismos encargados de examinar las cuestiones éticas emergentes y de tutelar los derechos de los que utilizan formas de Inteligencia Artificial o reciben su influencia”.

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