Roma no vivía una de sus mejores rachas como ciudad; estaba arrastrando una crisis moral, tensiones políticas y una fe debilitada. San Felipe Neri evangelizó de una manera poco común: con alegría. No fundó ejércitos ni ocupó grandes cargos en la Iglesia, pero terminó conquistando el corazón de toda una ciudad. Por eso la historia lo recuerda con un título extraordinario: “Apóstol de Roma”. Su vida demuestra que la santidad también puede pasar por la sonrisa, la amistad y la cercanía cotidiana.
El santo de la alegría transformó la ciudad de Roma con humor, oración y cercanía hacia los más pobres, por eso fue apodado así









