La Iglesia Católica no pretende sustituir a los expertos, sino ofrecer la "sabiduría" que "nuestro tiempo necesita con urgencia", afirmó León XIV al promulgar su primera encíclica, Magnifica Humanitas, el 25 de mayo de 2026. Durante la presentación del texto en el Vaticano, en la que participó, el Papa explicó que la había escrito tras consultar con especialistas en IA, políticos y educadores, teniendo en cuenta también a los más vulnerables. Expresó, en particular, su preocupación por las tecnologías digitales militares y los algoritmos discriminatorios.
Como preámbulo a su discurso en el Salón del Sínodo, León XIV se dirigió a uno de sus vecinos, el investigador y empresario canadiense Christopher Olah. Este especialista en interpretación mediante Inteligencia Artificial y cofundador de la empresa Anthropic, creadora del modelo Claude, también participó en la presentación de esta encíclica.
Tras agradecerle que aceptara la invitación a la reunión, el Papa respondió positivamente, "en nombre de la Iglesia", a la petición del joven de treinta años de participar en el debate. "Necesitamos críticos informados que les digan a las farmacéuticas cuándo nos desviamos del camino correcto. Necesitamos voces morales que no se dejen influenciar por los incentivos", había declarado el empresario.
En su discurso, León XIV aclaró que la Iglesia deseaba participar en el debate "con humildad y franqueza", sin pretender ofrecer respuestas técnicas ni "sustituir" a los expertos. "Pero aportamos una sabiduría sobre la humanidad que nuestro tiempo necesita con urgencia", afirmó.
Al igual que León XIII, quien en su época se enfrentó a la transformación industrial, León XIV expresó su deseo de afrontar la "inmensa transformación" provocada por la inteligencia artificial. Deseaba contemplar el fenómeno "con la mirada de la fe, la lucidez de la razón, la apertura al misterio y con los clamores de los pobres y de la tierra resonando en mi corazón".

“Magnifica humanitas nació de la escucha"
"Magnifica humanitas nació de la escucha", afirmó el Papa número 267. "Escuché a científicos e ingenieros que trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar un sufrimiento inmenso; a políticos y funcionarios públicos que perseveran en su búsqueda de normas justas; a padres y educadores profundamente preocupados por el futuro de las generaciones más jóvenes", declaró el autor.
León XIV también escuchó las preocupaciones "muy inquietantes" sobre los sistemas de armas autónomas que escapan al control humano y los "algoritmos capaces de bloquear el acceso a la atención médica, el empleo o la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias". "Y escuché el silencio de aquellos que no tienen voz" en las decisiones que conducen a la injusticia, añadió.
De esto, el jefe de la Iglesia Católica extrajo una convicción que reitera en la encíclica: "Hay que desarmar la inteligencia artificial". "Sé que la palabra es fuerte, pero la elegí deliberadamente, porque nuestra época necesita palabras capaces de llamar la atención, de despertar conciencias", declaró ante una audiencia de diplomáticos y clérigos. Estableciendo una analogía con el desarme nuclear —un tema central de la Santa Sede—, el Papa afirmó que la IA debe ser "liberada de la lógica que la convierte en un instrumento de dominación, exclusión o muerte".
"No temamos a la Inteligencia Artificial, sino que mantengamos siempre presente la cuestión de la humanidad", exhortó León XIV, haciendo hincapié en las palabras dignidad y bien común. La "civilización del amor" que abogó por construir —en palabras de Pablo VI y Juan Pablo II— no es "un sueño ingenuo", sino "un camino a seguir", concluyó.










