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La primera referencia del Espíritu Santo en la Biblia

4 min de lectura
WAVES

Crédito: Emiliano Arano | Pexels

Aunque la doctrina del Espíritu Santo surgió con el cristianismo, el Dios trino ya se puede ver en acción en las páginas del Génesis de la Biblia

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Aunque la creencia explícita en un Dios trino no surgió hasta la encarnación de Jesús y el advenimiento del cristianismo, existen referencias veladas a dicha creencia - y del Espíritu Santo - en el Génesis del Antiguo Testamento judío.

En el primer versículo del Génesis, el autor escribe: "En el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra —y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas cubrían el abismo, y un viento impetuoso se movía sobre las aguas" (Génesis 1,1 NABRE). Esta traducción en particular menciona un "viento impetuoso", mientras que otras traducciones lo traducen como "el Espíritu de Dios".

La palabra hebrea utilizada por el escritor bíblico era ruah, y los teólogos cristianos la han señalado repetidamente como la primera referencia al Espíritu Santo. Lea Sestieri escribió en su artículo (en inglés) "Las raíces judías del Espíritu Santo":

"Aunque en las Escrituras judías el Espíritu Santo nunca se presenta como una persona, sino más bien como un poder divino capaz de transformar al ser humano y al mundo, lo cierto es que la terminología pneumatológica cristiana tiene sus raíces en la de la religión judía".

El aliento de Dios

Y continúa: "El término “Espíritu” traduce la palabra hebrea “Ruah”, que en su sentido primario significa aliento, aire, viento. De hecho, Jesús utiliza la imagen sensorial del viento para sugerir a Nicodemo la novedad trascendente de aquel que es personalmente el aliento de Dios, el Espíritu divino" (CEC 691).

El Catecismo explica además cómo "la Palabra de Dios y su Aliento están en el origen del ser y de la vida de toda criatura":

“Al Espíritu Santo le corresponde gobernar, santificar y animar la creación, pues es Dios, consustancial al Padre y al Hijo… El poder sobre la vida pertenece al Espíritu, pues, siendo Dios, él preserva la creación en el Padre por medio del Hijo”» (CEC 703).

San Juan Pablo II también señaló esta conexión durante una audiencia general en 1990. Escribió:

"En tales textos podemos ver una preparación lejana de la revelación cristiana del misterio de la Santísima Trinidad: Dios Padre es el principio de la creación; la llevó a cabo por medio de su Verbo, es decir, por medio de su Verbo y Hijo y por medio de su Aliento, el Espíritu Santo".

Ruah

Juan Pablo II continúa:

"En la Biblia, el término hebreo para designar al Espíritu es ruah. El primer significado de este término, y el de su traducción latina “spiritus”, es “aliento”… El aliento es la realidad más inmaterial que percibimos; no se ve; es intangible; no se puede agarrar con la mano; parece no ser nada y, sin embargo, es de vital importancia.

Quien no respira no puede vivir. La diferencia entre una persona viva y una muerta es que la primera tiene aliento y la segunda ya no. La vida viene de Dios. Por lo tanto, también el aliento viene de él y él puede quitárselo (cf. Sal 104 [103],29-30). Al considerar el aliento de esta manera, llegaron a comprender que la vida depende de un principio espiritual, al que se denominaba con la misma palabra hebrea, ruah".

La creencia trinitaria en Dios es uno de los mayores misterios del cristianismo, uno que no comprenderemos plenamente en esta tierra. Sin embargo, a lo largo del Antiguo Testamento, especialmente en el libro del Génesis, se pueden ver indicios del maravilloso plan de Dios, que prepara el camino para la revelación definitiva de sí mismo en la persona de Jesucristo y del Defensor, el Espíritu Santo.

Aunque el Espíritu Santo pueda parecer una nueva doctrina inventada por los primeros cristianos, en realidad se pueden encontrar ecos de ella en el primer libro de la Biblia, ya que Dios estaba preparando a su pueblo para este aspecto concreto de sí mismo.