La elección del lugar donde vivir, un cambio de trabajo, la gestión de las finanzas… En la vida de una pareja, algunas decisiones importantes comprometen el futuro común y requieren un acuerdo profundo, que respete la libertad y la conciencia de cada uno. Sin embargo, no es raro que, entre el entusiasmo de uno y las dudas del otro, las discusiones se conviertan en una lucha de poder o que uno de los miembros de la pareja acabe cediendo a regañadientes.
"Dos, síes y un no"
Para evitar estos desequilibrios, el psicólogo estadounidense Mark Travers propone en Psychology Today una regla sencilla: la de los "dos síes y un no". Según él, una decisión importante solo debería tomarse cuando ambos miembros de la pareja la aprueben plenamente. Y cuando resuene un "no", es mejor suspender el proyecto hasta que se reanude el diálogo.
"Hay que actuar según una elección bien meditada y no solo por impulso o pasión", escribía ya santo Tomás de Aquino en la Suma teológica. Lejos de ser un veto, este "no" invita así a escuchar lo que, en uno mismo, se resiste o cuestiona, sin presiones ni prisas. Un consejo que coincide con los de san Ignacio de Loyola, para quien ciertos signos permiten esclarecer una elección: la paz interior, la alegría profunda y una forma de claridad en la puesta en práctica de la decisión.
Decidir sin precipitación ni imposición

Tomar una decisión en presencia de Dios también ayuda a no dejarse guiar únicamente por los propios gustos o emociones, sino a buscar su voluntad.
"Transformaos renovando vuestra forma de pensar para discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto", recuerda san Pablo (Rom 12, 2).
La oración puede convertirse así en un valioso apoyo para buscar lo que es más justo y mejor.
Esta atención prestada al discernimiento interior invita también a no reducir una decisión a su mera eficacia inmediata. Como subrayaba san Juan Pablo II, "hay que discernir sobre el ser, en lugar de centrarse en la cuestión del actuar". En otras palabras, antes de buscar qué hacer, se trata ante todo de comprender qué construye esa elección en uno mismo y en la relación.
Así pues, en lugar de intentar convencer a toda costa, la regla de Mark Travers invita a recorrer juntos el camino hasta que se pueda tomar una decisión de común acuerdo, con serenidad, y hasta que ambos puedan decir "sí" con total libertad. Una forma sencilla de recordar que amar es también aprender a esperar el momento adecuado.











