La música puede ayudar a llamar al Espíritu Santo, e incluso a sentirlo presente. También otras manifestaciones artísticas, como muestran las obras de genios que a lo largo de la historia han usado su talento para representar a la tercera persona de la Trinidad.
Muchos lo han comprobado uniéndose a la versión del compositor renacentista Giovanni Pierluigi da Palestrina de “Veni Creator Spiritus”, un clásico himno muy cantado en la fiesta de Pentecostés.
Barroco

Juan Sebastián Bach invocaba al Espíritu Santo en alemán. El gran compositor barroco compuso varias obras relacionadas con la tercera persona de la Trinidad, entre ellas la coral “Komm, heiliger Geist” (“Ven, Espíritu Santo”).
Con armonías y contrapuntos que han inspirado a músicos de todos los tiempos y estilos, Bach personalizó una clásica oración al Espíritu Santo:
Ven, Espíritu Santo, Señor Dios,
llena con la bondad de tu gracia
el corazón y la mente de tus fieles.
Enciende en ellos tu ardiente amor.
Oh Señor, con el resplandor de tu luz
has reunido en la fe
a los pueblos de todas las lenguas del mundo;
que esto, Señor, se cante en tu alabanza.
Aleluya, aleluya.
Clasicismo

Siendo todavía un niño, Wolfgang Amadeus Mozart escogió una clásica antífona en latín para componer su invocación musical al Espíritu Santo: “Veni, Sancte Spiritus”, hoy el número 47 de su catálogo de Köchel.
“Ven, oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Aleluya”, va repitiendo el coro, acompañado por orquesta y órgano. ¿Te unes?
Romanticismo

Más tarde, con el estilo del romanticismo, el compositor francés Louis Héctor Berlioz une las voces en una llamada volátil al Espíritu Santo.
Arte moderno

El compositor italiano Lorenzo Perosi, director de la Capilla Musical Pontificia del 1898 al 1956, renueva la invocación “Veni Creator” con una composición para coro a tres voces mixtas y órgano:
Vanguardismo

Y ya entrando en el tercer milenio, el innovador compositor polaco Krzysztof Penderecki envuelve la llamada al Espíritu Creador en una sorprendente música atonal “a capella” para unas voces que ayudan a trascender la materia.











