El Concilio Vaticano II no solo buscaba "emprender una reforma de los ritos", sino también "situar el misterio de Cristo" en el centro de la liturgia, explicó el Papa León XIV durante la audiencia general del 20 de mayo de 2026, celebrada en la Plaza de San Pedro. El Papa continuó su ciclo de enseñanzas sobre los textos del Concilio celebrado entre 1962 y 1965, iniciando así un ciclo dedicado a la liturgia.
Tras saludar al Patriarca armenio de Cilicia, Aram I, y a su delegación presente en Roma esta semana, León XIV inauguró una nueva serie de catequesis dedicadas a la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II.
Si bien la reforma litúrgica derivada del Concilio sigue generando serias divisiones en el mundo católico, el Papa recordó que los Padres conciliares buscaban principalmente guiar a la Iglesia a "contemplar y profundizar en este vínculo vivo que la constituye y la une: el misterio de Cristo". Citando directamente el texto conciliar, enfatizó que en la liturgia "se realiza la obra de nuestra redención". Para el Papa, la liturgia sigue siendo, por tanto, el lugar concreto donde la Iglesia recibe su propia vida de Cristo.
El Papa situó esta reflexión en el contexto de la gran renovación teológica del siglo XX —bíblica, patrística y litúrgica— que permitió redescubrir el auténtico significado del "misterio cristiano" que se realiza en "la pasión, muerte, resurrección y glorificación de Cristo". Este camino pascual se hace sacramentalmente presente en cada celebración litúrgica.
Vivir la liturgia como un "sacrificio vivo"
El Papa también hizo hincapié en la presencia de Cristo en la liturgia. Refiriéndose al texto conciliar, recordó que Cristo actúa en «la palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros que celebran, en la comunidad reunida y, en el grado más elevado, en la Eucaristía».
León XIV también hizo hincapié en la dimensión comunitaria y formativa de la liturgia. La liturgia, declaró, representa "una verdadera epifanía de la Iglesia en la oración". Haciéndose eco de la Carta de San Pablo a los Romanos, que exhortaba a los primeros cristianos a vivir "un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios", el Papa afirmó además que la celebración litúrgica debe traducirse concretamente en una vida fiel y coherente.
"Dejémonos moldear interiormente por los ritos, los símbolos, los gestos y, sobre todo, por la presencia viva de Cristo en la liturgia", exhortó el Papa, especificando que desarrollaría este tema en sus catequesis en las próximas semanas.











