"Toda la vida de Cristo, a través de su humanidad, es un movimiento ascendente que abraza y abarca toda la realidad del mundo", afirmó el Papa León XIV durante la oración del Regina Cæli el domingo 17 de mayo de 2026. Si bien la Ascensión se celebró este jueves 14 de mayo en el Vaticano y otras naciones, el jefe de la Iglesia Católica adaptó su meditación al calendario litúrgico de Italia y países donde esta solemnidad se celebra este domingo (como es el caso de México).
Desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro bajo un sol que finalmente brilló tras días de lluvia, el pontífice basó su meditación en la continuación del relato de los Hechos de los Apóstoles: "La imagen de Jesús [...] levantándose de la tierra y ascendiendo al cielo" puede parecer alejada de la experiencia humana, pero, por el contrario, revela "un vínculo vivo" entre Cristo resucitado y los creyentes, aseguró.
El Papa desarrolló así una reinterpretación teológica de la Ascensión, mostrando que este acontecimiento no solo concierne al destino de Cristo, sino también al de toda la humanidad unida a él: "Estamos unidos a Jesús, como los miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al Cielo también nos atrae, con él, hacia la plena comunión con el Padre", explicó.
El obispo de Roma describió este movimiento como una obra de restauración para la humanidad herida por el pecado, en la que Cristo trae "luz, perdón y esperanza donde reinaban la oscuridad, la injusticia y la desesperación". Haciéndose eco de las palabras del prefacio de la liturgia pascual, según las cuales Cristo "al morir destruyó nuestra muerte, al resucitar nos dio la vida", el Papa enfatizó que la Ascensión no puede separarse de la victoria pascual sobre la muerte.
"La Ascensión, por lo tanto, no nos habla de una promesa lejana, sino de un vínculo vivo", explicó León XIV, añadiendo que este misterio "amplía y eleva nuestros horizontes incluso en esta vida".
Para el Papa, la fe cristiana no nos invita a huir del mundo, sino a aprender progresivamente a pensar, sentir y actuar "de acuerdo con el corazón de Dios".
Haciéndose eco de una frase muy apreciada por su predecesor Francisco, el Papa habló de los "santos de al lado", esos hombres y mujeres comunes que viven el Evangelio discretamente en sus familias, en su trabajo o en su vida cotidiana. León XIV rindió así homenaje a "padres, madres, abuelos, personas de todas las edades y condiciones sociales" que buscan sinceramente seguir a Cristo.
La meditación concluyó con su llamado a cultivar "dentro de nosotros y a nuestro alrededor la vida divina que recibimos en el bautismo". Citando a San Pablo, quien nos invita a reconocer todo lo que es "verdadero", "justo" y "digno de amor", el pontífice animó a los fieles a vivir una espiritualidad centrada en la comunión y la promoción de la vida.











