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Uno de los sueños de Benedicto XVI finalmente cumplido por León XIV

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Cyprien Viet - publicado el 14/05/26
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Con su visita a la universidad romana de La Sapienza el jueves 14 de mayo, el Papa León XIV reparará una profunda herida que sufrió Benedicto XVI: la oposición de parte del profesorado a la llegada del pontífice alemán a esta universidad provocó la cancelación de su visita prevista para 2008

Este jueves 14 de mayo, el Papa realizó un recorrido de 8 kilómetros en Roma, una distancia corta pero cargada de un simbolismo especial. Visitó la Universidad La Sapienza, una institución pública italiana, donde, tras visitar la capilla y saludar a la rectora Antonella Polimeni, pronunció un importante discurso en el Aula Magna ante los estudiantes y el profesorado.

En esta mañana de Jueves de la Ascensión, día festivo en el Vaticano pero no en Italia, el discurso del Papa hace recordar a Benedicto XVI, a quien, hace 18 años, se le impidió visitar esta universidad pública y laica.

El Papa, invitado por el rector de entonces, tenía previsto visitar esta prestigiosa universidad romana el 17 de enero de 2008 para pronunciar un discurso en la inauguración del año académico. El pontífice alemán tenía fama de ser un erudito exigente, muy diferente de la imagen simplista de guardián doctrinal con la que a menudo se le asociaba. Sin embargo, tan pronto como se anunció la visita, estallaron protestas entre algunos profesores y estudiantes. Sesenta y siete profesores, principalmente del departamento de física, enviaron una carta al rector solicitando la cancelación del evento. 

El juicio de Galileo

En el centro de sus críticas se encontraba una conferencia impartida por el entonces cardenal Ratzinger en 1990 en la misma universidad, en la que citó al filósofo de la ciencia Paul Feyerabend hablando sobre el juicio de Galileo. Sus detractores acusaron al futuro Papa de haber apoyado la idea de que la condena de Galileo por parte de la Iglesia había sido "razonable y justa".

Esta interpretación se difundió rápidamente en los medios italianos y convirtió la visita en un asunto nacional. Al igual que con su discurso de Ratisbona en 2006, en el que sus sutiles comentarios, que citaban a un emperador bizantino sobre el islam, fueron sacados de contexto, las palabras de Benedicto XVI fueron explotadas y distorsionadas. 

Una gran parte de la clase política, incluyendo a la izquierda laica, condenó lo que consideraba una forma de intolerancia intelectual.

En realidad, el contexto de la cita era más complejo. Ratzinger no defendía la Inquisición; se refería a la crisis moderna de confianza en la ciencia y citaba a Feyerabend como síntoma de un giro crítico en la filosofía de la ciencia contemporánea. Pero en el tenso clima de la época, marcado por los debates sobre el secularismo y el papel público de la Iglesia, este matiz se desvaneció rápidamente. Estudiantes ocuparon el rectorado de la Universidad La Sapienza y anunciaron manifestaciones durante la visita del Papa. Ante el riesgo de incidentes, el Vaticano decidió finalmente cancelar el viaje.

¿Un shock saludable?

El evento causó asombro en Italia. Gran parte de la clase política, incluyendo miembros de la izquierda laica, condenó lo que consideraba una forma de intolerancia intelectual. El presidente Giorgio Napolitano, miembro del Partido Comunista, expresó públicamente su solidaridad con el Papa, mientras que el escritor y dramaturgo Dario Fo, a pesar de ser conocido por su anticatolicismo satírico, defendió el derecho de Benedicto XVI a hablar en la universidad.

El asunto reveló así una paradoja: quienes acusaban a la Iglesia de haber censurado históricamente la ciencia eran acusados ​​a su vez de querer sofocar el debate intelectual. El discurso que Benedicto XVI había preparado, y que finalmente presentó por escrito, enfatizaba la necesidad del diálogo entre disciplinas y la vocación de la universidad como espacio para la búsqueda compartida de la verdad. El Papa desarrolló la idea de que la razón científica, cuando se aísla de todo cuestionamiento ético o metafísico, corre el riesgo de empobrecerse.

La cancelación de la visita dio inicialmente la impresión de una ruptura irreparable entre ciencia y fe. Pero los años siguientes también revelaron algo más: la posibilidad de un espacio para la confrontación civilizada.

Pero este incidente también brindó la oportunidad de entablar un diálogo. Varios intelectuales ateos o agnósticos mantuvieron intercambios de gran calidad con Benedicto XVI. Entre ellos se encontraba el matemático Piergiorgio Odifreddi, posiblemente el divulgador científico y activista racionalista italiano contemporáneo más famoso. Con el paso de los años, se desarrolló una inesperada relación intelectual entre ambos.

En 2011, Odifreddi publicó un extenso texto crítico dirigido a Benedicto XVI. Muchos esperaban una confrontación brutal. Sin embargo, el Papa respondió personalmente, en una carta ahora famosa, en la que elogió la inteligencia y la honestidad intelectual de su crítico, a la vez que analizaba punto por punto algunos de sus puntos. Este diálogo, marcado por una inusual cortesía, sorprendió profundamente a la opinión pública italiana.

El propio Odifreddi reconoció gradualmente haber descubierto en Ratzinger a un interlocutor de inmensa cultura filosófica, muy alejado de la imagen caricaturizada del hombre dogmático y hostil a la razón. Tras la muerte de Benedicto XVI, el matemático incluso publicó un texto impregnado de respeto y emoción, evocando una relación que se había vuelto casi amistosa a pesar de sus desacuerdos fundamentales. 

El caso de La Sapienza dejó, por tanto, un legado paradójico y contradictorio. La cancelación de la visita inicialmente dio la impresión de una ruptura irreparable entre ciencia y fe. Pero los años siguientes revelaron algo más: la posibilidad de un espacio para el debate civilizado, donde las certezas pueden discutirse sin exclusión mutua. Este episodio nos recuerda que la relación entre ciencia y religión sigue estando marcada por la historia, las pasiones y los malentendidos. Pero también demuestra que incluso las oposiciones más intensas pueden, a veces, dar lugar a diálogos profundos.

Un paso hacia la primera encíclica del Papa

La visita de León XIV también debe interpretarse en el contexto de los preparativos para la próxima publicación de su encíclica dedicada a los desafíos antropológicos contemporáneos. Según algunos medios italianos, se espera que lleve por título Magnifica Humanitas, que significa "Magnífica Humanidad". Este término ya ha sido utilizado en algunos de los discursos y homilías de León XIV. 

La formación científica del Papa, como antiguo profesor de matemáticas, contribuye a crear un clima de reconciliación entre la fe y la ciencia. Es probable que, dirigiéndose a la comunidad de científicos e investigadores, creyentes y no creyentes por igual, el Papa destaque su trabajo y sus esfuerzos como expresión de una "magnífica humanidad", siempre que acepten los límites éticos que impone el respeto a la vida.

Dieciocho años después de la cancelación de su visita, resulta grato imaginar que Benedicto XVI pudiera continuar este discurso con profunda alegría… desde el Cielo, rodeado de otros eruditos que han marcado la historia del pensamiento.

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