En los Evangelios, muchas personas llaman a Jesús “Maestro”. Lo hacen discípulos, fariseos, enfermos e incluso quienes buscaban ponerlo a prueba. Pero este título no era solo una forma educada de dirigirse a Él. En el mundo bíblico, reconocer a alguien como maestro significaba aceptar que tenía autoridad para enseñar el camino de la verdad y de la vida.
Más que un título de respeto, la palabra "Maestro" revelaba la autoridad espiritual, humana y divina con la que Cristo hablaba al corazón de las personas









