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Obispos de Venezuela tras cita con el Papa: ¡Acompáñennos con su oración!

St. Peter's Square

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Carlos Zapata - publicado el 09/05/26
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El arzobispo que encabeza la visita de los venezolanos al Papa envía un mensaje y una bendición tras el encuentro. Aleteia analiza el contexto del país; así como la bella excepcionalidad de los curiosos obsequios entregados por la Iglesia y su rico significado

A través de Aleteia, el presidente del episcopado de Venezuela envía al mundo un breve, emotivo y conmovedor mensaje desde el Vaticano. El primero en su tipo tras lo ocurrido el 3 de enero de 2026, cuando el mundo se detuvo a observar lo que ocurría en la querida nación sudamericana.

“Desde Roma, donde me encuentro en compañía de los miembros de la directiva de la Conferencia Episcopal Venezolana para reunirnos con el Santo Padre León XIV y algunos de sus colaboradores, les hago llegar mi saludo y bendición a quienes trabajan en Aleteia y a todos sus seguidores”.

Lo escribe monseñor Jesús González de Zárate, conocedor de primera mano de la compleja situación del país. Y quien fuera durante muchos años obispo auxiliar de Caracas. Es la capital y el corazón de la Iglesia católica, que ha sido objeto de ataques en el grave contexto socio político del país.

“Para nosotros estos días constituyen una magnífica oportunidad de estrechar lazos de comunión eclesial, y servir al pueblo venezolano del que hemos sido constituidos pastores”, dijo en su saludo luego de que el Papa recibiera a los prelados venezolanos el lunes 4 de mayo de 2026.

“Pedimos a todos nos sigan acompañando con su oración, con su interés por la situación que hoy vive nuestro país y con el apoyo que puedan brindarnos para construir una Iglesia y una sociedad en las que se viva en amor, justicia, libertad y paz, conforme al designio de Dios”, dijo en su contacto con Aleteia.

“¡Mis bendiciones para todos!”, concluyó el arzobispo a quien el papa Benedicto XVI nombrara en 2007 auxiliar de Caracas. Hombre de fe al que ordenara el querido cardenal venezolano Jorge Urosa en compañía de actores emblemáticos como los prelados Baltazar Porras y Ubaldo Santana.

Una desbordante y conmovedora alegría

Más acostumbrada a la incertidumbre que a las buenas noticias, pero alimentada también por una fe inquebrantable, la población venezolana recibió con una enorme sorpresa la noticia del encuentro. Al circular las primeras fotos de la cita en el Palacio Apostólico, una profunda alegría inundó el país.

Al Vaticano acudieron integrantes de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana que estarán algunos días en Roma. Participaron del encuentro con el Santo Padre los monseñores Jesús González de Zárate, José Luis Azuaje Ayala, Carlos Curiel y José Antonio Da Conceição Ferreira.

El presidente del Episcopado llevó al Papa “el saludo del pueblo de nuestros hermanos y de los 45 obispos que servimos a Venezuela”. Conversaron también sobre los nombramientos episcopales para la nación, que suma un número considerable, ya siete, a casi 1 año del pontificado.

Abordaron la situación de Venezuela y clamaron por el bienestar de los venezolanos, dentro y fuera de sus fronteras. También realizaron un curioso intercambio de dones —como le llama el Vaticano a los obsequios para significar la trascendencia de una ofrenda que supera el sentido material.

Significado de los regalos para el Papa

Un profundo simbolismo de amor a Dios se esconden en la sencillez, humildad y belleza de los dones que entregó la Iglesia venezolana. A tono con el carácter de un Dios trinitario, tres elementos cautivaron al Papa. Uno religioso, uno identitario/terrenal y uno deportivo, que logró despertar emotivas sonrisas.

Los obispos entregaron 3 elementos profundamente significativos: chocolate, fruto del cacao que nace en tierras venezolanas para alegrar el corazón y la vida, en medio de los momentos más amargos y difíciles. Signo de las nobles manos que con amor cultivan la tierra y con respeto sacan lo mejor de ella.

Ornamentos elaborados con la imagen de la santísima Virgen María. Una advocación especial: Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, quien dejó una huella tras su aparición. Un caso excepcional, comparable con Guadalupe, pues en ambos quedó una pieza, fenómeno conocido como aquerotipo.

Finalmente, un uniforme deportivo que conmovió, alegró y generó sonrisas entre los obispos y el Papa León XIV. Y es que bromearon porque la vestimenta que con tanto cariño posó el Santo Padre representa a la Vinotinto que se coronó Campeón Mundial de Béisbol, ¡nada más y nada menos que en Estados Unidos!

“¡Hay que darle gracias a Dios primero!”

Dada la sangre americana y corazón latino del Papa, fanático de la pelota, el regalo fue una bella sorpresa. También recordó un tierno momento, cuando el jugador más valioso del partido cayera de rodillas en el estadio, y abrazado al tricolor venezolano elevara sus ojos al cielo para inmortalizar un silencioso: ¡Gracias, Dios!

La noche de aquel 17 de marzo se coronó campeón del Clásico Mundial de Béisbol 2026, en Estados Unidos. Se sumarían gestos y plegarias por parte de atletas exitosos cuyas familias desde hacía tiempo no conocían una sonrisa: “Hay que darle gracias a Dios primero que todo”, diría entonces el mánager venezolano.

En efecto, sus primeras palabras al recibir el premio fueron para Dios y más “para todos los venezolanos”, según reconocerá después, conmovido. “Agradecido con Dios por esta oportunidad”, señalará por su parte el Jugador Más Valioso (MVP), que se sumará a una serie de sencillos pero significativos signos y gestos.

“¡Sigamos rezando por Venezuela!”

Sutiles pero claros, se evidencian contrastes. En enero, el llamado de la Iglesia Católica fue excepcionalmente breve. La naturaleza del mensaje de la Conferencia Episcopal fue excepcionalmente prudente y se distanció de los comunicados habituales, que en el país suelen integrar piezas extensas y argumentadas.

Esa vez, la Iglesia católica escribió tan solo un párrafo, no hizo falta más: “Ante los acontecimientos que hoy vive nuestro país, pidamos a Dios nos conceda a todos los venezolanos serenidad, sabiduría y fortaleza. Nos hacemos solidarios con quienes fueron heridos y los familiares de quienes fallecieron”.

Cerraron el texto con un clamor que se convirtió rápidamente en el punto común de los venezolanos y al que una vez más apelan los obispos, que con cariño paternal se han reunido con el Santo Padre: el noble imperativo de rezar: “Perseveremos en la oración” dijeron entonces y reiteran hoy: ¡Sigamos rezando por Venezuela!

“¡Tu oscuridad se volverá mediodía!”

El clamor de los obispos también late al ritmo de otro corazón “venezolano” en Vaticano, el del cardenal Secretario de Estado, don Pietro Parolin. Fue él quien tuvo la providencial responsabilidad de presidir la misa de acción de gracias por la canonización del Dr. José Gregorio Hernández y la madre Carmen Rendiles.

Una frase del querido prelado italiano que ama al país donde por largos años fue Nuncio Apostólico resultó profética. En aquella misa, dijo: “La querida Venezuela pasará de la muerte a la vida”. Así, querida Venezuela, insistió en su emotivo anuncio: “Tu luz brillará en las tinieblas, ¡tu oscuridad se volverá mediodía!”.

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