En Roma aún es muy temprano por la mañana cuando el jefe de la Iglesia católica se despierta, mientras los primeros metros comienzan a circular y las cafeterías se preparan para abrir. El Papa León XIV es discreto sobre sus hábitos, pero, según la opinión general, Robert Prevost es conocido por levantarse valientemente al amanecer. Su viejo amigo peruano, César Piscoya, describe su disciplina muy estricta, que le llevaba a levantarse a las 4:00 de la mañana para una larga oración en la capilla.
"Sigue levantándose antes de las 6:00", aseguró su propio hermano, John Prevost, en una entrevista con el National Catholic Reporter. El día del Papa comienza, pues, con un tiempo dedicado a Dios. Como sacerdote y religioso, el Papa está obligado a la liturgia de las horas, que recitan los monjes y que marca el ritmo de su jornada. "Sed asiduos en la oración a las horas y momentos establecidos", exige la regla de san Agustín seguida por la orden que el papa dirigió durante doce años y que prescribe la recitación de todos los oficios.
Empezar el día con la misa
En su apartamento, el pontífice dispone de una capilla donde celebra la misa. Juan Pablo II había convertido esta liturgia matutina en una ocasión para reunirse con innumerables invitados que acudían a asistir a la misa que él celebraba y a compartir su desayuno.
El Papa Francisco, que celebraba cada día en la capilla de la residencia Santa Marta, dejó huella con sus impactantes homilías, difundidas públicamente durante años, y especialmente durante la pandemia de la COVID-19. Él también había abierto su puerta a los invitados, que podían saludarlo a la salida. En cambio, el pontífice estadounidense no ha institucionalizado por el momento esta secuencia. "No celebra necesariamente en su capilla, sino que también se une a otras comunidades del Vaticano", comenta un funcionario del Palacio del Santo Oficio, dando a entender que la agenda de León XIV es flexible y que el papa se desplaza.
Una mañana de maratonista
La mañana del Papa se dedica luego a las audiencias oficiales, cuya lista publica la Santa Sede todos los días al mediodía, excepto los martes, su día de descanso. Nuncios apostólicos, jefes de Estado, mecenas, obispos, organizaciones benéficas, prefectos de dicasterios, comunidades religiosas, embajadores… el Papa encadena una cita tras otra, a menudo hasta una decena.
Las entrevistas son a puerta cerrada, pero el pontífice también pronuncia discursos públicos ante delegaciones importantes, a razón de una decena en promedio cada semana. El papa número 267 recibe a sus visitantes en su despacho, en el tercer piso del Palacio Apostólico, para las delegaciones pequeñas, y en diversas salas del Vaticano para los grupos más numerosos (sala Clementina, sala Real o salón de las Bendiciones).
Un ritual inmutable los miércoles y domingos
La agenda pontificia también se rige por eventos fijos y prácticamente inmutables desde hace casi un siglo. Los miércoles por la mañana, León XIV preside la audiencia general, durante la cual imparte una catequesis ante miles de fieles, en la Plaza de San Pedro o en la Sala Pablo VI, según el clima. Al término de este encuentro, durante casi dos horas, saluda a las filas de personas que han conseguido un preciado boleto para la sesión del bacciamano (beso de mano), intercambiando unas breves palabras con unos y otros, posando —en raras ocasiones— para selfies y recibiendo regalos de todo el mundo.
Los domingos, al mediodía, el Papa reza el Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico que da a la Plaza de San Pedro. Su catequesis va acompañada de diversos llamamientos sobre las emergencias que afligen al mundo (conflictos, desastres naturales…).
En la mesa del papa
León XIV, que sigue siendo agustino de corazón, disfrutaba de la vida en comunidad. De hecho, le gustaba reunirse regularmente para almorzar con sus hermanos agustinos, miembros de la "sacristía papal", encargados de preparar los vasos sagrados para las liturgias del pontífice. Para ello, se dirigía al comedor de la pequeña comunidad de tres hermanos situada cerca de la Capilla Sixtina. Si bien estos encuentros eran diarios al inicio del pontificado, con el tiempo se fueron espaciando, ya que el papa a veces se veía impedido por la intensidad de sus obligaciones, confiesa su cohermano Alejandro Moral Antón. León XIV también puede aprovechar en ocasiones esta comida para salir del Vaticano: así, se invitó al almuerzo de los obispos peruanos que venían de visita ad limina, o incluso a la sede de los agustinos en varias ocasiones.
El otro día de León: expedientes y visitantes selectos
La jornada del Papa continúa, en gran parte, en su despacho. Montones de expedientes que revisar, correos electrónicos que leer, montones de cartas que firmar, "fogli d’udienza" que aprobar (nombre que reciben las notas preparadas por los funcionarios de los dicasterios sobre todos los asuntos que requieren una decisión pontificia)… La lista es larga.
También es el momento de sus llamadas a su familia, al otro lado del Atlántico. Su hermano John asegura que habla con él todos los días. En la segunda parte del día, el Papa también recibe invitados de manera más informal. El escritor alemán Andreas Englisch cuenta que pasó una hora en privado con el sucesor de Pedro en un ambiente "relajado" a última hora de la tarde, de las 17:23 a las 18:31, según relata con precisión de relojero.
Cena rápida
El Papa comparte la cena con su secretario peruano, el sacerdote Edgard Rimaycuna. El jefe del microestado no tiene cocinero, según su hermano John: "Se preparan la comida ellos mismos […]. Depende de la agenda: si no tienen tiempo de cocinar porque él llegó tarde, puede conformarse con un sándwich de mantequilla de maní o un tazón de cereales".
Por la noche, trabajo y juegos en línea. Todos coinciden en decirlo: León XIV trabaja hasta altas horas de la noche. Algunos prefectos reciben sus mensajes a horas tardías. "A veces se ve una notificación de WhatsApp a las 23:30", comenta un funcionario que ha sido testigo de estos intercambios con el sumo pontífice. "Está más cansado que antes, se le nota en la cara. Simplemente intenta mantener la calma y acostarse a una hora razonable", informa su hermano John.
En cuanto a sus breves momentos de descanso, según el segundo de los hermanos Prevost, "siempre ve mucho fútbol" y se dedica a juegos de letras en línea. Cuando tiene insomnio, el primer pontífice conectado de la historia juega a Words with Friends, o incluso se le ha visto aprendiendo alemán en Duolingo a las 3 de la madrugada. Papa, sí, pero también hombre.










