México llegará al proceso electoral 2026 en medio de profundas tensiones sociales. La violencia continúa golpeando en gran parte del país; la corrupción sigue siendo una de las mayores preocupaciones ciudadanas y el desencanto hacia la vida política parece crecer con cada elección.
Las cifras ayudan a entender el contexto. México supera actualmente las 120 mil personas desaparecidas, mientras que el país mantiene niveles de homicidio que rondan los 50 asesinatos diarios en promedio. A esto se suma la percepción de corrupción: según datos del INEGI, más del 80% de los mexicanos considera frecuentes los actos de corrupción en instituciones públicas.
En este contexto, los obispos de Saltillo, Torreón y Piedras Negras publicaron un mensaje conjunto con motivo de las elecciones legislativas en su Estado. Su llamado no se limita a una convocatoria cívica, proponen una reflexión profundamente moral y espiritual sobre el voto.
La política como forma de caridad
Uno de los puntos más significativos del mensaje episcopal es la manera en que expresan el trabajo político. Retomando una idea constante del magisterio de la Iglesia, recuerdan que la política, “cuando se ejerce con integridad, es una de las formas más preciosas de la caridad, pues busca el bien común”.
La Doctrina Social de la Iglesia insiste desde hace décadas en que la participación pública también forma parte de la vocación cristiana, por eso los obispos subrayan que, participar en las elecciones “no es sólo un derecho civil, sino un deber moral”. En esa línea, advierten con fuerza sobre la indiferencia ciudadana: “El abstencionismo es una falta de caridad y una irresponsabilidad cívica”.
La dignidad humana en el centro
El mensaje de los obispos de Coahuila reafirma un criterio esencial para discernir el voto: la dignidad humana.
Los obispos recuerdan que toda ley debería tener como centro a la persona, especialmente a quienes viven en situación de vulnerabilidad. Por ello, llaman a evaluar a los candidatos no solo por sus promesas, sino por su trayectoria, sus valores y su capacidad real para servir al bien común.
“El derecho a la vida, la familia, la libertad de conciencia y la paz” aparecen en el comunicado como bienes fundamentales que los futuros legisladores están llamados a proteger.
Seguridad, corrupción y tejido social
El mensaje también aterriza en las realidades concretas que viven las personas en el día a día: inseguridad, drogadicción, desempleo, corrupción, pobreza.
Aunque el estado mantiene niveles relativamente más bajos en violencia que otras entidades, las diócesis reconocen que persisten amenazas que afectan directamente la paz social y la vida cotidiana.
Los obispos hablan incluso del “corazón herido de la sociedad”, una expresión que conecta no solo con los problemas estructurales, sino con el cansancio social acumulado tras años de violencia e incertidumbre.
En este contexto, recuerdan que “una mala decisión perjudica, en primer lugar, a los más débiles”. Por eso insisten en la necesidad de construir “oasis de paz” mediante leyes y políticas orientadas verdaderamente al bien común.
Una democracia que necesita ciudadanos responsables
Un aspecto importante y relevante del mensaje de los obispos coahuilenses es la llamada a no quedarse únicamente con el proceso electoral. Los obispos invitan a investigar a los candidatos, evaluar sus propuestas y exigir coherencia ética en la vida pública.
“Su honorabilidad debe ser intachable”, señalan al referirse a quienes aspiran a legislar.
También advierten sobre los riesgos muy actuales: la desinformación, las campañas de odio y el uso irresponsable de la inteligencia artificial para difundir contenidos que dañen la dignidad de las personas.
En una época donde la confrontación digital parece permanente, el documento pide evitar “las descalificaciones y la violencia política”, recordando que la democracia necesita diálogo y responsabilidad compartida.
La fe también ilumina la vida pública
Lejos de promover preferencias partidistas, el mensaje deja claro que la misión de la Iglesia es formar la conciencia de las personas.
“La responsabilidad política es parte de nuestra fidelidad a Dios”, afirman los obispos, retomando las palabras de Jesús: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
Para la Iglesia, la respuesta pasa por recuperar la participación responsable, el discernimiento y el compromiso con el bien común.
Finalmente los obispos hacen un llamado a orar por México y especialmente por Coahuila, pidiendo que el proceso electoral contribuya a construir un futuro más justo, solidario y pacífico.
En un país cansado de la violencia y la desconfianza, el llamado puede parecer sencillo, pero encierra una convicción profunda: la política no debería reducirse a lucha de poder, sino convertirse nuevamente en servicio.










