Hace un año, el mundo veía aparecer por primera vez a León XIV en el balcón central de la Basílica de San Pedro. Desde entonces, su pontificado ha estado marcado por un estilo de escucha, presencia internacional y llamados constantes a la unidad en un mundo fragmentado.
En tiempos de incertidumbre, León XIV ha insistido en algo sencillo pero profundamente necesario: la Iglesia no está llamada a dominar el mundo… sino a servirlo. Y quizá ahí está la clave de este primer año









