Pechos, caderas, piernas, paloma, manzano,… ¿qué simbolizan estas palabras en la Biblia? San Justo de Urgel ofrece su interpretación en su comentario al Cantar de los Cantares, que acaba de reeditar, por ahora en catalán, Pagès Editors.
Como tantos místicos de distintas épocas, este obispo del siglo VI interpreta (frase a frase) el libro bíblico más sensual como una descripción de la unión con Dios.
Es posible que la Sagrada Escritura despierte distintos matices en cada persona según su situación, cultura, estado,… pero la explicación sobre los símbolos bíblicos que este santo ofreció hace quince siglos sigue inspirando hoy.
Pechos
Varias veces elogia el autor del Cantar de los Cantares los pechos. ¿A qué se refiere? Según san Justo, en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, los pechos son quienes hacen llegar su Palabra:
“Entendemos razonablemente por los pechos de Cristo los apóstoles y los evangelistas. Por ellos nos nutrimos de la fe y nos rehacemos con el alimento espiritual.
Y decimos que son mejores que el vino porque la doctrina evangélica es mucho más alta que la ley antigua. En una palabra: allí estaba la figura y la profecía, aquí está la verdad; allí, a semejanza de la aspereza del vino, se nos enseña que hay que amar solo al prójimo y odiar al enemigo, aquí la dulzura de la gracia nos advierte que tenemos que rezar por los enemigos y que tenemos que amar a los que nos odian.
Declara que los mismos pechos de Cristo, o sea los apóstoles, son perfumados con los perfumes más exquisitos porque brillaron con tantas virtudes y milagros que el olor de su santidad, ampliamente difundido, entonces gustaba a los que lo podían percibir y todavía ahora rehace a todos los que escuchan su palabra”.
El libro bíblico habla varios versículos más adelante de “tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios”. San Justo encuentra otro simbolismo:
“Los dos pechos de la Iglesia son los dos testamentos, comparados con las dos crías gemelas, o sea, los dos pueblos que se alimentan de la Iglesia, el pueblo circuncidado y el no circuncidado, nacidos del vástago del pecado. Sin embargo, los dos pueblos pastan entre los lirios, mientras avanzan con el ejemplo y la doctrina de los santos”.
Paloma
La tradición cristiana se ha fijado en la paloma para representar al Espíritu Santo. El Cantar de los cantares elogia los ojos de la amiga -de la Iglesia y sus santos- diciendo que son como palomas. San Justo lo interpreta según su experiencia:
“La sencillez de los que se dejan conducir por el Espíritu es digna de mucha veneración, porque no saben lo que es enorgullecerse, y por su pureza se afanan más en complacer a Dios que a los hombres”.
Piernas
En la descripción del Amado, el autor del Cantar de los Cantares se va deteniendo en las distintas partes de su cuerpo, entre ellas sus piernas. San Justo lo interpreta de nuevo con la atención puesta en la Iglesia católica, citando a san Pablo:
“Las piernas que llevan todo el cuerpo son los santos que, como columnas de alabastro, apoyadas sobre bases de oro, sostienen la casa de la Iglesia. Estos son los justos que por caridad soportan a los demás y los apoyan con el consuelo de las Escrituras, como dice el Apóstol: 'Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar nuestro propio agrado' (Rm 15,1).
Y poco después presenta la Escritura santa como base de oro, al afirmar: 'Todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza (Rm 15,4)'".
Caderas
En el capítulo 7, el Cantar de los Cantares añade: “Las curvas de tus caderas son como collares”. Y san Justo, enamorado de la Iglesia, descubre en ellas la unión de dos pueblos:
“Tanto los que son descendientes de Abraham según la carne como los que lo merecieron por su estirpe, o sea, por Cristo, cuando llegan a la unidad de la fe son descritos como joyas fabricadas a mano por el artífice. ¿Quién es el artífice que ha unido en la fe estos pueblos como joyas, sino aquel de quien el Apóstol dice: “Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno” (Ef. 2, 14).
Manzano
“Debajo del manzano te desperté, allí donde te concibió tu madre…”, relata el capítulo 8 del Cantar de los Cantares. San Justo tiene claro el significado de ese símbolo:
“En el odorífero patíbulo de la cruz, donde yo morí, allí te resucité de la muerte del pecado, cuando te mando que te signes, como creyente, con la señal de la cruz”.












