El Observatorio Astronómico del Vaticano anunció el 29 de abril de 2026 una importante decisión científica: cuatro asteroides llevan ahora el nombre de figuras destacadas de su historia, entre ellas el papa León XIII. Esta decisión, oficializada en el boletín del Grupo de Trabajo para la Nomenclatura de Cuerpos Pequeños de la Unión Astronómica Internacional, pone de relieve el papel histórico del Observatorio en el diálogo entre la fe y la ciencia.
Los objetos celestes en cuestión —"(858334) Gioacchinopecci", "(836955) Lais", "(836275) Pietromaffi" y "(688696) Bertiau"— fueron descubiertos gracias al Telescopio de Tecnología Avanzada del Vaticano (VATT), instalado en el desierto de Arizona, en Estados Unidos. Se trata del instrumento utilizado para las investigaciones del Observatorio Astronómico del Vaticano.
Entre estas denominaciones, "(858334) Gioacchinopecci" rinde homenaje al papa León XIII, nacido en 1810 con el nombre de Gioacchino Pecci. Este papa, fallecido en 1903 y conocido por su compromiso con la promoción de la doctrina social de la Iglesia, también se mostró comprometido con el progreso científico. De hecho, fue él quien refundó el Observatorio en 1891. A través del motu proprio Ut Mysticam, afirmaba la voluntad de la Iglesia de "promover con la mayor dedicación la ciencia verdadera y sólida". Esta visión pretendía responder a las críticas sobre una supuesta oposición entre la fe y la investigación científica, reafirmando, por el contrario, su complementariedad.
Los demás asteroides rinden homenaje a figuras científicas vinculadas al Observatorio. El asteroide "(836955) Lais" conmemora a Giuseppe Lais (1845-1921), sacerdote oratoriano y vicedirector del Observatorio durante treinta años, que participó, entre otras cosas, en el proyecto internacional de cartografía celeste "Carte du Ciel".
Los nombres "Pietromaffi" y "Bertiau" recuerdan también la aportación de astrónomos que contribuyeron a la reputación científica de la institución: se trata del cardenal Pietro Maffi (1858-1931), que fue a la vez arzobispo de Pisa y presidente del Observatorio Astronómico del Vaticano durante las tres primeras décadas del siglo XX, y de Florent Constant Bertiau (1919-1995), un astrónomo jesuita originario de Malinas, en Bélgica.
La designación de los asteroides obedece a un protocolo riguroso. Tras su descubrimiento, los objetos reciben primero una designación provisional vinculada a la fecha de observación. Una vez establecida con precisión su órbita, se les asigna un número permanente. De los aproximadamente 1,3 millones de asteroides conocidos, cerca de 850 000 cuentan hoy en día con dicho número. Solo en esta etapa los descubridores pueden proponer un nombre, que se somete a la aprobación del grupo de trabajo de la Unión Astronómica Internacional.
Esta referencia a los papas no es algo nuevo. Otros pontífices ya han dado nombre a asteroides, como el "(560974) Ugoboncompagni", en homenaje a Gregorio XIII, a quien se debe la reforma del llamado "calendario gregoriano", o el "(8661) Ratzinger", dedicado a Benedicto XVI.
El Observatorio del Vaticano, una institución de referencia a nivel internacional
La historia del Observatorio del Vaticano se remonta a finales del siglo XVI, cuando el Vaticano se dedicó a la observación astronómica, en particular para respaldar la reforma del calendario gregoriano. Sin embargo, este periodo estuvo marcado por cierta tensión entre el papado y los círculos científicos, especialmente en torno a la figura de Galileo.
No obstante, el Observatorio moderno tomó forma realmente en 1891, cuando León XIII lo restableció oficialmente tras la pérdida de los Estados Pontificios y de sus infraestructuras científicas, entre ellas el observatorio del jesuita Angelo Secchi en Roma. Instalado inicialmente en el Vaticano, con cúpulas visibles por encima de las murallas y de la Torre de los Vientos, se convirtió rápidamente en un símbolo del compromiso intelectual de la Iglesia.
En el siglo XX, la evolución tecnológica y la urbanización provocaron varios cambios. En la década de 1930, la contaminación lumínica de Roma obligó a trasladar los instrumentos a Castel Gandolfo. Posteriormente, a finales del siglo XX, el continuo aumento de la luminosidad nocturna llevó a construir el VATT en Arizona, que ofrece un cielo de observación excepcionalmente oscuro. No obstante, la dirección del Observatorio sigue estando en Castel Gandolfo.
Hoy en día, el Observatorio del Vaticano continúa sus investigaciones a escala internacional, con una doble perspectiva: contribuir al progreso científico y, al mismo tiempo, alimentar una reflexión más amplia sobre el lugar de la humanidad en el universo.










