Cada año, el festejo de los niños, nos invita a celebrar la alegría, la ternura y la esperanza que representan los más pequeños. Pero, desde la fe cristiana, esta fecha también nos interpela: el Evangelio nos pregunta: ¿estamos protegiendo su dignidad, escuchando su voz y construyendo un mundo donde puedan crecer con amor y seguridad? Veamos desde la sencillez de los niños, las dudas que pueden surgir en un mundo lleno de inocencia...
En el Evangelio, los niños nos recuerdan algo, sencillez, a nuestra infancia. Es también una oportunidad para reflexionar sobre la realidad de millones de niños que enfrentan pobreza, violencia, abandono o falta de oportunidades.









