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Freddy, una vocación de servicio entre Ecuador y España

Freddy Torres
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Álvaro Garrido - publicado el 28/04/26
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<em>Freddy Arigo Llerena Guerrero es un sacerdote de 36 años de la diócesis de Ibarra, en Ecuador. Se formó como seminarista en Pamplona y residió en el seminario internacional Bidasoa, donde vivió una etapa importante de su preparación para ser sacerdote entre 2009 y 2014</em>

Freddy Arigo comparte su testimonio sobre la formación sacerdotal recibida gracias a la Fundación CARF, destacando cómo esta ha impulsado su vocación de servicio ante los desafíos pastorales en su tierra natal y la esperanza que infunde el renacer espiritual de los jóvenes españoles.

"Aquellos años marcaron profundamente mi vida espiritual, académica y pastoral, fortaleciendo mi amor por la Sagrada Escritura y por el servicio a la Iglesia", expresa.

De vuelta a su país, nos habla del peligro del emotivismo en los jóvenes ecuatorianos y la sorpresa que ha recibido al regresar a España el año pasado: un resurgir del catolicismo.

Una familia católica de seis hermanos

Freddy se ordenó el 25 de junio de 2016. El año pasado regreso a Pamplona para terminar su Licenciatura en Teología Bíblica en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Ahora, de nuevo en Ecuador, donde se vuelca cada día en ejercitar una vocación de servicio a los demás y a la Iglesia.

Nació en el seno de una familia católica de seis hermanos: "mis padres, con una fe sencilla pero firme, supieron educarnos a todos en la vivencia cristiana. Gracias a su testimonio, crecimos en un ambiente donde la fe formaba parte natural de la vida cotidiana", manifiesta con orgullo.

En medio de este ambiente familiar cristiano, a los 14 años conoció a los misioneros identes en su ciudad natal de Ibarra.

"Gracias a ellos pude descubrir con mayor profundidad el sentido de la vida cristiana, el amor al Padre celestial y la riqueza de la comunidad reunida en torno al altar".

El despertar de una llamada a la vocación de servicio

Freddy Torres

Dos años más tarde, experimentó con claridad la llamada de Dios al sacerdocio. "Ocurrió durante una Eucaristía celebrada en Quito por el presidente general de los misioneros Identes. En aquel momento sentí en lo más profundo del corazón que el Señor me invitaba a entregarle mi vida".

Así, al terminar la Secundaria, a los 17 años, decidió iniciar sus estudios en la Universidad Central de Ecuador, mientras vivía con los misioneros en Quito. Pero con la carrera universitaria no se encontraba plenamente lleno: "todo lo que tuviera que ver con Dios despertaba en mí un interés mayor, especialmente cuando veía a un sacerdote por la calle, algo se movía intensamente en mi interior", recuerda con alegría.

Durante ese tiempo comenzó una etapa de oración intensa pidiendo al Señor que le iluminara y le diera la valentía necesaria para dar el paso. Finalmente, al comenzar el segundo semestre, tomó la decisión de dejar la universidad e ingresar en el seminario diocesano de Ibarra, y así empezar su formación sacerdotal, pues comprendió que el Señor le llamaba a ser sacerdote, en una vocación secular al servicio de la Iglesia.

Una profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Ecuador es una patria diversa y rica en cultura y recursos. Sin embargo, la mala gestión política de la últimas décadas han favorecido la expansión del narcotráfico, la delincuencia organizada, la extorsión y los secuestros, provocando un alarmante aumento de la inseguridad.

Pero los ecuatorianos no pierden la confianza y mucho menos los sacerdotes: "a pesar de todo, nuestro pueblo mantiene viva la esperanza. Existe una profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús y un amor entrañable a la Virgen María, expresado en múltiples manifestaciones de religiosidad popular. Esta fe sencilla hace que muchas personas sigan mirando a la Iglesia con confianza, incluso en medio de sus debilidades, reconociéndola como madre y guía en tiempos difíciles".

Transparentar el rostro del Buen Pastor

A priest holding a golden chalice and a wafer in his hands while distributing Holy Communion in Poland
Obhajilo

En medio de esta gran tarea, Freddy Arigo Llerena continúa formándose para tratar de vivir las cualidades que el siglo XXI necesita de los sacerdotes: llamados a configurarse cada día más con Jesucristo, su Maestro y Señor. Porque para él, no basta con desempeñar funciones: es necesario transparentar con la propia vida el rostro del Buen Pastor.

"Los jóvenes necesitan en nosotros unos testigos auténticos del Resucitado: hombres enamorados de la Iglesia y apasionados por su ministerio. Nuestro modo de hablar, de escuchar, de celebrar y hasta nuestro porte exterior deberían reflejar lo que llevamos en el corazón: una profunda amistad con Cristo y una entrega sincera a su pueblo", sentencia.

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