Las sociedades del mundo están han caído en las garras del individualismo. Lamentablemente, la Iglesia no ha sido inmune a este mal, pero es necesario que lo reconozcamos para que el anuncio del Evangelio vuelva a ser lo que pidió Cristo.
Una espiritualidad sanadora
En su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el papa Francisco alertó sobre "el aislamiento, que es una traducción del inmanentismo" porque "puede expresarse en una falsa autonomía que excluye a Dios" (no. 89). Pero también señala "una forma de consumismo espiritual a la medida de su individualismo enfermizo".
El pontífice se refería al dos fenómenos ambiguos que se observan en nuestros días: "la vuelta a lo sagrado y las búsquedas espirituales", ya que "hoy se nos plantea el desafío de responder adecuadamente a la sed de Dios de mucha gente, para que no busquen apagarla en propuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro".
Pero también aclara que es en la Iglesia donde deben encontrar "una espiritualidad que los sane, los libere, los llene de vida y de paz al mismo tiempo que los convoque a la comunión solidaria y a la fecundidad misionera", porque de otro modo "terminarán engañados por propuestas que no humanizan ni dan gloria a Dios".
Escapar de los demás
Francisco insiste en que "salir de sí mismo para unirse a otros hace bien" y que "encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos" (no. 87).
Mejor aún, menciona que "el ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual". Ante esta realidad, el papa comenta:
Muchos tratan de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio. Porque, así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad (no. 88).
El desafío: encontrarse con los demás
Vivir como comunidad
La aceptación de los que viven cerca de nosotros nos ayudará a ver a Jesús en sus rostros:
Hace falta ayudar a reconocer que el único camino consiste en aprender a encontrarse con los demás con la actitud adecuada, que es valorarlos y aceptarlos como compañeros de camino, sin resistencias internas. Mejor todavía, se trata de aprender a descubrir a Jesús en el rostro de los demás, en su voz, en sus reclamos. También es aprender a sufrir en un abrazo con Jesús crucificado cuando recibimos agresiones injustas o ingratitudes, sin cansarnos jamás de optar por la fraternidad[69]. (no. 91).
El verdadero testimonio se da en la convivencia con los hermanos, en medio de este mundo que aboga por el individualismo.
Por eso, recordemos la recomendación del papa Francisco:
Precisamente en esta época, y también allí donde son un «pequeño rebaño» (Lc 12,32),los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16). Son llamados a dar testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva.[70] ¡No nos dejemos robar la comunidad! (no. 92)










